Por Redacción
Por José Luis Pettinatti. - Pocos son los que tratan el tema del final de los tiempos en medios públicos, pero muchos son los que comentan el tema en forma privada, también abundan por internet datos referidos a este gran acontecimiento. Se habla de señales, de profecías, de apariciones, algunas serias otras no tanto y otras definitivamente deplorables y falsas.
Lo cierto es que quien haya investigado algo sobre esta realidad descubrió que estos comentarios producen un alto y diverso grado de impacto en las personas de estos tiempos pues hay quienes dicen que todo es una mentira o una locura, para otros es un salvavidas porque ven que estos avisos prometen el fin de toda maldad he injusticia pasando primero por una purificación a gran escala y a nivel mundial. Incluso hay quienes aseguran que todo ya está en marcha y que sólo con prestar atención a los acontecimientos nos daremos cuenta de que no hay marcha atrás y los acontecimientos no se detendrán. Otros están tan compenetrados en las cosas cotidianas que no presta atención a estas cosas, otros están tan crecidos en la fe que no necesitan señales avisos ni nada para estar alertas orando y vigilando. Entonces, ¿será cierto lo que personas de distintas épocas anunciaron para estos tiempos? ¿Será que sólo fueron dados estos avisos para las personas que lo recibieron? ¿Será cierto que el cielo nos está advirtiendo con señales y milagros como nunca sucedieron? ¿Cuál será la pregunta adecuada para esta situación?
Es cierto que como estas cosas pasan fundamentalmente por la fe de las personas, sería imprudente juzgar lo que cada uno cree al respecto, a eso debemos sumarle que es bastante frecuente que quien busca a Dios a veces lo hace por estos caminos. Entonces no será que la pregunta correcta sería, ¿qué tanto estamos preparados para una situación de esta envergadura? ¿No será que todo nos indica que debemos hacer “urgente” un examen de conciencia?. ¿No será que estos avisos nos dicen que hay perdones que aun no hemos dado, que hay perdones que aún no hemos pedido a nuestros hermanos y a Dios? Que hay reconciliaciones entre hermanos que aun no decidimos concretar ¿No será que estos avisos nos advierten que estamos aflojando en la lucha por la vida? Que los niños y los mayores necesitan mucho amor para seguir creciendo y vivir y no tenemos para darles porque todavía no tuvimos un encuentro con Jesús. Que se necesitan mas personas instituciones para que luchen por defender las familias y cuidar el planeta que nos dio Nuestro Padre. Que necesitamos más personas que se sumen a la lucha para salvar a los cientos de miles de niños que mueren en el vientre de su madre y a las madres. Que necesitamos unirnos mas para impedir que la droga siga aniquilando a tantos jóvenes y familias. Que nos esforzamos muy poco o casi nada por socorrer y atender a nuestros pobres. Que nos cuesta horrores abandonar ese pecado que sabemos nos está esclavizando. Y para nosotros los bautizados, ¿no será que el cielo nos dice no están anunciando a Jesús como el Señor nos lo pidió por eso estamos perdiendo la lucha contra el mal?
¿No será que el cielo de mil maneras y todos los días nos está diciendo que nuestra falta de fe y nuestras omisiones es lo que nos a puesto en grave peligro y no las advertencias que nos hace nuestro Padre Dios a través de la palabra de su Hijo para que volvamos a El?
Entonces quizás la pregunta mas correcta sería. ¿Qué es lo desubicado y grave, desoír las advertencias y la buena noticia que nos envía Dios todos los días o seguir el rumbo que vamos sin levantar la vista al cielo?
Sin dudas que el Padre Dios no va a escatimar ningún esfuerzo para que alcancemos nuestra conversión y experimentemos su misericordia. Esa es la garantía de que todo lo que sucederá de ahora en más tiene como fin nuestra salvación. Y por último no será tiempo de tomar en cuenta lo que nos dijo nuestro Señor en el Evangelio de San Lucas 21.28 . “Cuando vean estas señales tengan ánimo y levanten la cabeza porque la salvación esta cerca”. Con esto Jesús nos rebeló cómo será el final de nuestra historia, y este final, que no hay fuerzas capaz de cambiarlo, es una hermosa motivación para anunciar a Jesús y no apartar la vista de El en estos tiempos.
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