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Información General Viernes 23 de Diciembre de 2011

El Evangelio y nosotros

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Redacción

Por Redacción

Con motivo del tercer domingo de Adviento de diciembre de 1976 -teniendo en cuenta el contexto político del país-, el entonces presbítero en ejercicio Hugo Collosa expresó en el último espacio dominical cedido por LT28 al Obispado de Rafaela y luego fue publicado en LA OPINION lo que a continuación se reproduce:

"En este domingo, la Iglesia usando palabras de la Biblia nos dice: «Alégrense!, el Señor está cerca». Y toda la liturgia de hoy es una invitación a lanzar gritos de gozo, a alegrarnos y a alabar al Señor de todo corazón.

"Y uno se pregunta: «¿Cómo podemos alegrarnos en medio de tantas penas y preocupaciones, en medio de tanto dolor y sangre derramada, en medio de tantas frustraciones y fracasos? En lugar de alegría y regocijo porque el Señor está cerca, a las puertas de nuestra vida, hay una pregunta angustiosa, un interrogante desgarrado: «¿Dónde estás Señor? ¿Por qué escondes tu rostro? ¿Cómo podemos alegrarnos en este tiempo de espera de tu llegada, en esta Navidad de 1976, con tantas cosas malas como las que golpean nuestras vidas?».

"Y es justamente en estos momentos, en los cuales mueren en nosotros muchas seguridades y muchas esperanzas humanas cuando Dios llega para ser el Unico capaz de convertir nuestras tristezas en alegrías, nuestras lágrimas en confianza, cuando Dios llega para convertirse en nuestra única esperanza.

"Precisamente en estos momentos duros de la historia, de nuestra historia personal y de nuestra historia colectiva, social, es cuando Dios, para el creyente, comienza a convertirse en el gran esperado, en ese Dios del cual se siente una profunda necesidad, en ese Dios que es capaz de convertir en gozo sereno nuestras tristezas y amarguras.

"Y esto, amigos, no es un cuento, es una buena noticia. Una buena noticia que la vi hecha vida en hombres y mujeres creyentes.

"No hace mucho tiempo, estando con una madre, dolida por la muerte temprana de su hijo de 24 años, me decía: «Ahora siento que Dios está cerca ahora sé que en medio de toda esta gran pena Dios me está amando mucho».

"Y esto amigos, esto es Navidad. Esa mujer vive toda su fe y toda su esperanza puesta en el único que le puede dar sentido a su dolor.

"Y usted y yo, también decimos que queremos celebrar Navidad. Y tal vez ninguno de los dos sabemos muy bien como puede ser concretamente celebrar al Señor que está cerca. Y el Señor en el Evangelio, por boca de Juan el Bautista, comienza a darnos una pista para ponernos en camino: «El que tenga dos túnicas, dé una a quien no tiene, y el que tenga qué comer haga lo mismo... a los recaudadores de impuestos les dijo: no exijan más de lo estipulado. Y a los soldados: no extorsionen a la gente, no hagan falsas denuncias y conténtense con su paga". (Lc. 3, 10-14).

"¿Se da cuenta usted por dónde anda el Señor? Un Señor que llega y nace en el corazón de aquellos para quienes el amor y el compartir es más fuerte que el dinero y el poder. Un Señor que llega y nace en el corazón de aquellos que aprenden a perdonarse y empiezan a mirar un porvenir de colaboración y solidaridad. Un Señor que llega y nace en el corazón de aquellos que abren sus vidas y comparten con ternura el dolor y el sufrimiento de tantos hombres y mujeres, las humillaciones de los pisoteados y calumniados, las angustias de los perseguidos por el odio, la prepotencia, la insensibilidad de sus hermanos.

"Cuando usted y yo seamos capaces de tener un corazón así, alégrese amigo! porque el Señor ya llegó a nuestras vidas.

"Cuando usted y yo seamos capaces de vivir esa esperanza que es más fuerte que todo temor, que toda angustia y que toda pena, alégrese amigo! Es señal que para nosotros ya llegó la Navidad..."

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