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Información General Domingo 13 de Enero de 2013

El enigma de un disco milenario

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Redacción

Por Redacción


Amigo lector: Con el propósito de no perder la costumbre de investigadores amateurs, sugiero convertirnos en un mar verde azulado que rodea la isla de Creta. ¿Qué investigaremos allí? Iremos tras las huellas de una realidad o de una leyenda?, en busca de un disco de color ocre con dibujos dorados…y que explicación tendrá? Una pieza de terracota que acoge en sí miles de años.

No perdamos tiempo y vayamos al Museo Arqueológico de Aeraclion en la isla vieja de Creta. Según los arqueólogos el disco tiene 3.600 años de antigüedad. Fue hallado hace 120 años en las ruinas del Palacio – templo – de Festos, tiene una vez y media el tamaño de un disco compacto. El guía del museo explicó que nadie sabía el significado de las diminutas imágenes y jeroglíficos diseñados en espiral en ambas caras del objeto. La mayoría de los expertos opinaba que este probablemente, fuera obra de los minoicos. Para nuestro investigador existen muchas preguntas sin respuestas (a los minoicos se les atribuía haber fundado en Creta la primera civilización de Europa). Tras muchos intentos para desentrañar el misterio del disco, casi todos los lingüistas lo consideraban indescifrable. Hubo uno que se empecinó en lo contrario. Fue Steven Roger Fischer que en 1982 lo tuvo por primera vez ante sus ojos y desde ese momento lo convirtió en una obsesión. Fischer visitó el museo con su esposa Taki y compró una reproducción en yeso del disco por U$S 2,60 - ¿Qué vas a hacer con eso? – preguntó la esposa. Leerlo, respondió él. Lo decía en son de broma por la antigüedad del objeto: le inspiraba un profundo respeto. Durante varios meses tras su regreso a Alemania no dejó de pensar en el disco de Festos, como se lo conoce. “Si alguien ha de descifrarlo algún día, tendrá que ser una persona que sepa lenguas e historia como yo”. Fischer se enamoró de Taki y así empezó a estudiar alemán en la Universidad de California en Los Angeles; allí obtuvo el doctorado en Filología (estudio de las lenguas y literaturas antiguas) y en Lingüística (ciencia del lenguaje). Para entonces era capaz de entender e interpretar 35 idiomas y llegaría a conocer unas 80 lenguas vivas y muertas. A lo largo del año que transcurrió luego de haber visto el disco en el museo, no dejó de preguntarse ¿porqué nadie había podido descifrar la inscripción?. Debe haber una forma de hacerlo aparte de la económica (no existían empresas patrocinadoras que lo apoyaran). Contaba únicamente con los ingresos de su esposa y como extra, las diversas lenguas que él traducía.

EL ANCIANO ENIGMA:

Fischer pensaba si la intención del artífice había sido desconcentrar a las generaciones futuras…y lo había logrado con creces. Trataré de describirlo. El disco contiene 45 signos distintos o glifos y las imágenes se despliegan en una espiral que gira hacia el centro en ambas caras. El único indicio de que podían tener significado eran las nítidas incisiones verticales colocadas a intervalos que dividen los glifos en 61 “casillas” como las llamó Fischer. Si conseguía la llave para entrar en esa cápsula del tiempo, se convertiría en el primer ser humano en volver a oír una voz que había permanecido en silencio durante 3.600 años. Lograrlo sería desentrañar no sólo un complicado sistema de escritura sino profundizar también en la biografía de los habitantes de Creta. Continuemos con la descripción. Fischer “computarizó” las casillas y las incisiones verticales colocadas a intervalos que dividen los glifos en las casillas, según las llamó él. En vez de suponer que estas últimas representaban palabras u oraciones consideró que eran simples “unidades de expresión”. Lograr el objetivo, sería desentrañar no sólo un complicado sistema de escritura sino ahondar en el enigma de los antiguos habitantes de Creta. Los minoicos florecieron durante 600 años hasta la llegada a la isla de los griegos micénicos, hasta el 1.450 a.C. Algunos historiadores suponen que la destrucción generalizada que provocó la erupción del volcán Thera debilitó al imperio minoico. Sabía que hasta el siglo 20 sólo unos cuantos estudiosos occidentales estaban convencidos de que los minoicos habían existido realmente. Durante miles de años los chicos se habían relacionado con los relatos de poetas y fabulistas acerca del minotauro de Creta, el mitológico monstruo de cabeza de toro y cuerpo de hombre que vivía encerrado en el laberinto del legendario Rey Minos y que se alimentaba de doncellas y mancebos sacrificados. No fue sino hasta 1900 cuando Sir Arthur Evans conservador del museo Ashmoleano de Oxford desenterró las ruinas del palacio de Cnosos, ciudad situada en la costa septentrional de la isla, con lo que quedó demostrado en forma definitiva que los minoicos no eran seres místicos.

RUINAS DEL PASADO:

Un día de julio de 1908, ocho años después del hallazgo de Evans, el arqueólogo italiano Luigi Bernir dirigió una excavación en los restos del palacio de Festos. Se disponía a dar concluida la jornada cuando un trabajador le dijo lleno de emoción que había encontrado algo increíble. Cuando el italiano vio de que se trataba se quedó mudo; era el milenario disco. Ansioso trató de describir la inscripción pero no tardó en darse por vencido. Desde entonces varios expertos y aficionados habían “traducido” los signos afirmando que eran una oración, un contrato, un calendario religioso e incluso un registro de la flota que los minoicos tenían en el mar Egeo. Para que sus indagaciones tuvieran rigor científico habría que analizar la estructura de la inscripción. Si se trataba en verdad de una lengua, debía tener una gramática y por ende, reglas lógicas. Así fue usando los números que habían asignado a los glifos.

Fischer empezó a hacer “el análisis interno” y notó que los dos primeros glifos, el Nº 02 (el guerrero) y el Nº 12 (la rueda) cumplían alguna función especial. Aparecían al principio de la cara “A” y con ello empezaban 11 casillas de esa cara. ¿Acaso 02=12 simbolizaba una palabra? ¿O bien una frase introductora? ¡Alabado sea!. Siguió analizando los signos hasta que se convenció de que había suficientes regularidades para creer que el disco sí contenía un lenguaje. Estaba seguro de que existían relaciones entre los glifos. Pero que significaba? Luego de varias semanas de intensos trabajos creía haber agotado la posibilidad de la inscripción. Pese a todo Fischer sabía que había traspasado un punto en el que no había marcha atrás. Su interés científico se había convertido en obsesión, convencido que la inscripción era un lenguaje; el paso siguiente sería compararla con otras escrituras antiguas de la región en busca de pistas. Primero trataría de identificar los sonidos representados por los glifos. Tardó varias semanas en dar con 12 signos que podrían corresponder a las vocales puras.

Luego mediante una técnica muy utilizada por otros descifradores elaboró un “silabario”; una matriz en la cual colocó las vocales en la primera línea horizontal y varias consonantes en la primera línea vertical. Al principio intentó hallar coincidencias con sonidos conocidos de alguno de los sistemas de escritura antigua más estudiados de la región egea. Estaba seguro que las lenguas egeas más antiguas debían tener una relación genealógica con la del disco. Entonces comparó las combinaciones de sonido que había identificado con las del egipcio y el griego antiguo; el helitita, el sanscrito y muchas otras lenguas indoeuropeas. Al poco tiempo estaba lidiando con más de 20 idiomas antiguos en busca del vínculo y examinando la lógica, tras analizar los sonidos de cuanta escritura afín conocía; ya podía leer en vez de números inconexos una secuencia que al menos insinuaba un lenguaje. Una noche descubrió bajo una luz nueva y sorprendente 3 glifos restantes. Se percató que guardaban un asombroso parecido con el nombre en griego antiguo de los cretenses del período minoico: kouretes. Fischer trató de contener la emoción para no perder la objetividad pero era por fin como si estuviera quitándose una venda de los ojos. Era posible que la inscripción se refiriera a pueblos que existieron. Estaba empezando a sonar por fin ese antiquísimo disco compacto. La incertidumbre agobiaba al experto “quizá solo esté viendo aquí lo que quisiera encontrar”, se dijo. Se dio cuenta que existían 2 casillas (02=12) que eran una combinación clave para armar el rompecabezas.

Significaba ahora escuchar dos palabras, cretenses y griegos. Entonces la poderosa voz que había permanecido 3.600 años encerrada en el disco: escuchad, aguas y tierra. Hélade se enfrenta en guerra con los carios. “Oíd todo vosotros dioses de la flota”. “Escuchad sobre Naxos, uníos a los griegos y aniquilad a los carios mis enemigos y proteged a mis heridos”. “Protegedme que el miedo me agobia”. “Haceos todos a la mar, libradme de mis grandes aflicciones”.

Fischer concluyó que era un llamado a los aliados para que lo ayudasen en su auxilio y a repeler a los invasores carios cuyos ataques amenazaban a la civilización cretense. Ocurrió en realidad este suceso bélico. Dado el tamaño del disco al experto se le ocurrió que pudo haber sido una especie de tablero de aviso y que un mensajero llevaba de aldea en aldea para leerlo a la gente en voz alta. La inscripción revela que los minoicos y los carios se enfrentaron en la batalla de Naxos alrededor del 1600 A.C. 

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