Por Teresita Tosco
"Tobi" es un perro de tamaño mediano, pelo corto color canela, con algunas pecas blancas, y una cola larga e inquieta. Es un animal adulto joven, pero ya conoce todas las vicisitudes que tiene que padecer un ser abandonado. Recién nacido había sido vilmente arrojado en una zanja. Una persona voluntaria de uno de los grupos proteccionistas que hay en nuestra ciudad, y otros vecinos totalmente anónimos pero valiosísimos, lo levantaron y lo ayudaron a sobrevivir.
"Tobi" se transformó en un cachorro alegre y muy afecto a jugar. Fue dado en adopción equivocadamente a gente que acepta tener una mascota creyendo que va a tener algo así como un enanito de jardín hecho de terracota. Desde entonces "Tobi" estuvo sufriendo el menosprecio y las patadas del dueño de casa cada vez que éste salía al patio a volcar su inquina personal con quien sabe quién, en ese pobre perrito que no entendía el trato huraño y esperaba esperanzado una caricia. "Tobi" fue rescatado de esa situación; al hombre huraño le regalaron un bonito enanito de jardín para que siguiera practicando, y "Tobi" fue a vivir en el patio de una señora mayor, viuda, buenísima, que lo convirtió en el rey de su hogar.
En el otro caso, les cuento que la tos había sonado casi como un pedido de auxilio. La casa está en las cercanías de un boliche bailable, y Eva supuso que un muchacho en la calle estaba tratando de deshacerse de un exceso etílico. Encendió la luz del porche y abrió la ventanilla enrejada de la puerta del frente… Lo que vio, Eva no supo explicármelo bien. Me dijo sí, que repentinamente le sobrevino una sensación de asombro, de miedo y al mismo tiempo de infinita pena que le apretó el corazón. Atado a la puerta de la reja de su casa, había algo que se parecía a un perro que intentaba sobrevivir respirando ruidosamente…
Eva salió y lo miró de cerca. El poco pelaje que le quedaba a “eso”, caía en guedejas deshilachadas y sucias, y la piel libre de pelos, se abría en llagas purulentas. En otros tramos de su miserable cuerpo, el perro sangraba. Eva no podía dejarlo allí así…, pero le costaba salir del espanto.
Finalmente, mientras pensaba, qué basura de individuo podía haber dejado avanzar hasta ese estado al pobre perro, Eva encontró por fin la forma de entrarlo al jardín y que reposara sobre una bolsa. Lo roció con un desinfectante y le dio un antibiótico. Se quedó despierta el resto de esa noche.
Temprano a la mañana siguiente, la presencia de la Médica Veterinaria que atiende a su propia mascota, le dio a Eva la tranquilidad que necesitaba. La revisación fue como suele hacerlo la doctora: minuciosa. Además de golpes, extrema suciedad, deshidratación, ausencia de algunas piezas dentales, incipiente desnutrición, y algunas cosas más, la doctora vaticinó que el perro padecía sarna dermodéctica.
Indicó en una receta lo esencialmente necesario para iniciar un tratamiento y le suministró algunas inyecciones al animal que seguía respirando con dificultad. Le dejó a Eva algunos medicamentos para que ya se los fuera suministrando y palmeando al perro en las ancas murmuró como en un rezo: "- Esto va a ir para largo… Y así fue nomás.
Para que "César" se viera como está en la foto, pasaron 35 días de medicación y 2 meses de recuperación. Todo lo asumió Eva con la ayuda de una querida vecina. La doctora calculó que puede tener 10 años de edad, y que es un animal de una fortaleza física increíble. Un ejemplo de ganas de vivir. Eva le puso de nombre "César".
En la última visita que Eva le hizo a la doctora para que diera de alta al perro, la médica le hizo una última recomendación: que se fijara muy bien a quien le iba a entregar a "César" en adopción, porque la bondad del animal, su rápida adaptación, y su entrega amistosa, no soportaría otro desengaño. ¿Adónde fue a vivir "César"? A la casa de la querida vecina de Eva, que la había ayudado a salvarlo. ¿Quién es esa vecina? Es la señora mayor, viuda, buenísima que había convertido a "Tobi" en el rey de su hogar.
Ahora el drama abre una tercera puerta para que entre otra vez el desconsuelo en la vida de "Tobi" y "César". Yolanda, esta señora que brindó su hogar como refugio para ambos animalitos, ha caído gravemente enferma y ha tenido que ser internada. Casi con desesperación estamos buscando la posibilidad de que Tobi y César sean adoptados, porque correrían el riesgo de ir a parar a la perrera municipal. Ambos están acostumbrados a un trato muy afectuoso, al abrigo de una casa, y a la serena compañía de Yolanda, a la que extrañan y no saben adónde fue.
No es preciso que quien decida adoptar, tenga que llevarse a los dos perritos. Es cuestión de elegir, pero es necesario hacerlo lo más pronto posible, porque no sabemos el desenlace que puede tener la delicada salud de Yolanda, y todos deseamos su recuperación, pero aún así, ya no podrá hacerse cargo de sus mascotas. Ella está consiente, y llora por sus animalitos.
Quien quiera recibir a "Tobi" o a "César" en su casa, recuerde que son de temperamento apacible y muy afectos a acompañar gente grande, y los teléfonos para preguntar por cualquiera de los dos son estos 03492 421483 - 15692602.
Aunque parezca una contradicción, ¡qué destino perro tuvieron estos dos perros! Yo confío que alguien habrá que les cambie el final.
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