Por Prof. Julio Armando
La manera conflictiva en que comenzó el año en materia de reclamos y negociaciones no hizo más que desnudar las falencias que atraviesa el gremio docente en la Provincia, principalmente su dirigencia. Nada nuevo por cierto; conflictos y falencias que forman parte de un proceso que se va acrecentando con el tiempo.
El primero de ellos es la falta de representatividad que genera la actual conducción provincial. Esto se evidencia en la poca receptividad que muestran las bases docentes al mensaje que se intenta bajar, ya sea mediante persuasión o imposición, desde la dirigencia gremial. El ejemplo más patente de esto fueron las votaciones llevadas a acabo en la última negociación salarial con el gobierno. Más allá del discurso pro-aceptación que encarnó la dirigencia provincial con una actitud de total convicción y persuasión, los representados terminaron no aceptando el consejo de sus representantes. Aunque no fue la única vez; el año pasado ocurrió lo mismo cuando desde la Comisión Directiva del gremio intentaron convencer a los docentes sobre la propuesta previsional que ofrecía el Estado y que en un principio fue rechazada. Finalmente, tanto la cuestión salarial como previsional fueron aceptadas, pero más por el desgaste de las medidas de fuerza y por no ver una salida al conflicto, que por el convencimiento del discurso sindical. Esta falta de respuestas de las bases es una de las principales preocupaciones que hoy atraviesa la dirigencia en la Provincia, aun cuando en 15 de los 19 departamentos lidera el oficialismo. Esto de todas maneras no le quita legitimidad a la actual conducción gremial elegida por el voto de la mayoría de los afiliados, pero sí enciende una luz de alerta para que la misma comience a pensar en construir posturas ante determinados temas de manera más democrática y colectiva, posicionamientos que surjan desde abajo hacia arriba con una participación más directa del afiliado, con canales de participación reales y dejando de lado la típica “bajada de línea”; a veces característica de las organizaciones gremiales.
Pero lo dicho anteriormente no es lo más grave. Hoy AMSAFE provincial carga en sus espaldas una denuncia de fraude en una de sus jurisdicciones, como es el caso de San Javier. Denuncia que después de desandar un largo camino judicial terminó con una resolución firme que aún hoy la dirigencia se niega a cumplir: devolver el gremio a los legítimos ganadores. La actitud de la conducción gremial en la Provincia siempre ha sido la de no hablar del tema e intentar que no trascienda. Nunca ha emitido un comunicado al respecto ni se ha pronunciado en las múltiples asambleas que se han llevado a cabo desde el día de las votaciones hasta la actualidad. Herir la democracia gremial con el sólo fin de beneficios particulares y partidarios, y no acatar una orden judicial, conlleva finalmente al descreimiento de una dirigencia gremial de por sí ya cuestionada.
A esto hay que sumarle la sospecha de “afinidad” que mantiene la AMSAFE con el gobierno de turno. Esto crea un clima de malestar entre los afiliados que no ven una genuina defensa de sus derechos. Sólo hace falta escuchar o leer las opiniones de los docentes para darse cuenta la disconformidad que existe en el sector. El guiñe permanente entre el socialismo y el gremio pone en evidencia una relación que comenzó con Binner y que continúa aún hoy. Nadie puede olvidar incluso que en las últimas elecciones gremiales, dos días antes, el gobierno llamó a paritarias a fin de promover la actual conducción sindical; siendo la única vez en la historia del socialismo que se abrieron negociaciones a mitad de año. Entre otras cosas en esa reunión paritaria se acordó la construcción de 2.600 viviendas, que en la mayoría de los departamentos todavía no se vio ni siquiera un ladrillo. En esta relación gremio-gobierno también sorprende que desde la AMSAFE no se tomen posicionamientos claros y públicos sobre cuestiones como la violencia que se vive hoy en las escuelas, las condiciones en que trabajan los docentes, la arbitrariedad del Ministerio de Educación en el trato con los trabajadores. La dirigencia parece mantenerse al margen de todo esto a no ser por un caso especial que trascienda a los medios de comunicación y que los obligue a dar respuestas.
A esto habría que sumarle el fracaso que fue la paritaria nacional, en la cual dirigentes de AMSAFE participaron, y la dura crítica de la Presidenta que tuvo un rebote dirigencial mas bien “light” por parte de los sindicalistas.
Una dirigencia calculadora, poco definida, cerrada, desdibujada en su representación, sin la transparencia necesaria en todos sus distritos, que dialoga con los que piensan igual pero restringe información a sus opositores. Una dirigencia de AMSAFE en crisis con sus representados y un contrato de representatividad que cada vez más cuesta sostener.
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