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Información General Lunes 2 de Abril de 2012

"El camino de la cruz puede salvarnos"

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Emilio Grande (h.)

Por Emilio Grande (h.)

En la víspera se celebró el Domingo de Ramos que da inicio a la Semana Santa en el mundo cristiano. En nuestra ciudad hubo varias celebraciones en las ocho parroquias y la principal tuvo lugar en la Catedral San Rafael presidida por monseñor Carlos Franzini.

Primeramente, la ceremonia se inició frente al monumento a San Martín con la bendición de ramos. "Queremos repetir el gesto triunfal de Jesús que entró en medio de aclamaciones en Jerusalén, reeditar el entusiasmo, el fervor, la ilusión de todos aquellos que lo aclamaban como rey, que percibían que en su presencia llegaba algo nuevo y por eso lo alabaron. Pero también estos mismos que entusiasmados con las obras del Señor, enseñanzas y milagros a los cuatro días pidieron su crucifixión. ¿Seremos capaces de acompañar al Señor no sólo en su gloria sino también en su pasión y en su muerte?".    

Después se hizo la procesión hasta el templo mayor de la diócesis de Rafaela, participando una multitud de fieles. En la oportunidad se leyó el evangelio de la pasión, crucifixión y muerte de Jesús, según San Marcos. 

"El misterio de la pasión toca nuestros corazones y sacude nuestro cristianismo poco rutinario y acostumbrado. Sólo porque es misterio de amor se puede entender y más aún se puede intentar revivir esta dramática realidad de la pasión y muerte de Jesucristo", destacó el obispo diocesano en su homilía.

Y agregó: "la pasión, muerte y resurrección del Señor se actualiza cotidianamente en lo personal, familiar, eclesial y social. Jesús experimenta la profunda soledad de sentirse abandonado por todos, incluso por sus más allegados y amigos. El abandono y la traición, no simplemente soledad, experimenta también el fracaso entre comillas de su predicación".

Más adelante, dijo que "no siempre los logros o éxitos humanos son garantía de auténtica felicidad y verdadera fecundidad. Es acusado de ser un sedicioso, subversivo, de querer trastocar el orden establecido. Los poderosos de su tiempo de los distintos órdenes, religioso, político y económico, descargaron contra el Señor toda su envidia, espíritu vengativo, su deseo de aniquilar a este que venía a transformar desde lo profundo la vida de los hombres y de los pueblos". 

En los tramos finales, Franzini señaló que "frente a toda esta injusticia el Maestro no responde, hace silencio. Muchas veces el silencio habla más que mil palabras; frente a la insensatez, la mentira, la corrupción y la violencia la respuesta más contundente es el silencio. Silencio que no es no tener argumentos, escabullirse a la verdad, miedo o vergüenza". 

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