Por Redacción
¿Desea degustar una infusión de sabor y aroma exquisito, que le levante el ánimo y gozar de una deliciosa taza de café? Si es así debió preguntarse alguna vez de dónde provenía su origen y además cuál era su biografía (parte realidad y otra de leyenda) Le invito a reconstruir su historia que resulta tan misteriosa como la bebida misma. Había una vez encaramada sobre las colinas del litoral de Yemen en Arabia, un convento de religiosos musulmanes que obtenía sus ganancias con sus cabras, las cuales les brindaban leche, carne y también pieles que eran vendidas en la ciudad. Un día el pastor se lamentó con el Imán porque a veces sus bestias permanecían extrañamente despiertas y saltaban durante toda la noche. El prior pensó que esto podía deberse a una particular pastura y para verificar esta hipótesis arribó al lugar del problema. Allí estaban matas de hojas rígidas y lucientes que los animales habían devastado y habían comido los frutos, una especie de ciruela poco pulposa, con un carozo más bien grueso. El religioso cortó un ramo y apenas entró al convento buscó un tratado de botánica (los religiosos árabes eran muy doctos). No se encontró alguna referencia a la planta pero luego de largas reflexiones, se recordó que los arbustos parecían ser crecidos según líneas directrices como si al origen fuesen plantados por la mano del hombre. Desde mucho tiempo eran retornados al estado selvático aunque se mantienen todavía el alineamiento de un campo cultivado. ¿Cómo era posible que hubiese existido una cultivación en aquel lugar olvidado?. Resultaba todavía que un tiempo en aquellas tierras desoladas se hubiera establecido una colonia de un pueblo de piel negra que se decía hubiera venido del país de Caffa en Abisinia. La tradición islámica atribuía el hecho a la más grande reina de nombre Belkis. Esta reina habiendo escuchado del soberano hebreo Salomón, dejó su país de Saba, el antiguo nombre que venía atribuido a esta región para hacerle una visita. Al regreso de su tierra, después de un breve tiempo, tuvo un hijo llamado Menelik que más tarde retorna a Abisinia para introducir la religión judía cuyo culto se convirtió enseguida en el cristianismo Copto. Probablemente los Sabes habían llevado a Caffa plantas a las cuales apreciaban mucho.
Estos arbustos que habían hecho enloquecer las cabras debían poseer una vitalidad del momento que habían sido plantados de los súbditos de Belkis o de sus descendientes.
Los frutos rojos
Probablemente los habitantes de Saba habían llevado desde Caffa, su patria africana, plantas que apreciaban mucho. Estos arbustos que habían hecho enloquecer las cabras debían tener alguna utilidad desde el momento que habían sido plantados por los súbditos de Belkis o por sus descendientes. Para saberlo el Iman decide degustarlos: las semillas rojas, comidas crudas con los carozos aplastados tenían verdaderamente un gusto horrible para cualquier paladar que no fuese el de una cabra. De consecuencia él hace hervir los frutos destrozados desde el momento que otro carozo casi sin tener pulpa lo tragó con coraje. La infusión no era verdaderamente especial. Recordando de improviso que a veces se hacían asar los cereales para que sean más apetitosos, ponen en las brasas el Carozo que produce un aroma exquisito aunque se parecía al estiércol de cabra. Lo trituró con una piedra e hizo una substancia líquida similar al betún que endulzó con miel de tan amarga que era. Pocos instantes después el corazón que le latía tanto que debe tenderse a descansar, pero en vez de dormir se sentía extraordinariamente lúcido. Su cerebro volvió a ser activo como en los años de la juventud, estaba lleno de pensamientos fulgurantes. Este hombre ya notable de por sí, se convierte ahora en más inteligente. Por toda la noche en vez de sentir sueño o cansancio por el hecho de no haber dormido, se sintió con poder para conquistar el universo. Cuando sonó la hora de las oraciones de medianoche él era el único en todo el convento que permanecía completamente despierto. El estudioso distribuyó la infusión a los otros religiosos y en todos se verificó un milagro. El lugar preferido del café se inició en el reino de Yemen y fue desde este país precisamente al puerto de Moka, que al inicio del siglo XVII partieron las primeras cargas de esta preciada mercancía para las ciudades del Mediterráneo. Rápidamente holandeses, franceses, venecianos y egipcios abrieron oficinas y consulados para vigilar sus intereses. En pocos años el café conquistó los salones y palacios de las más ricas ciudades de Europa, así el imperio de Yemen -todavía una vez- salió de un período de oscuridad. En el 1727 es introducida en Brasil la primera planta de café proveniente del puerto de Moka. Por más de un siglo el café yemenita dominó el mercado mundial hasta cuando en el siglo XVIII partieron las primeras cargas de café de Brasil, Jamaica e Indonesia que inundaron los mercados con una concurrencia despiadada. La historia del monopolio del café terminaba allí pero el origen siempre será aquella plantita exportada clandestinamente de Yemen un siglo antes. En los últimos dos siglos Yemen ha continuado exportando su café en cantidad siempre menor a causa de la fuerte concurrencia de los precios del café americano, pero todavía hoy es considerado entre los mejores y usado sobre todo en una mezcla de alta calidad: el etíope y el brasileño. El puerto de Moka es hoy una pequeña villa de pescadores donde sólo las ruinas de palacios y mezquitas son el testimonio de un período florido y hoy lejano.
EL CAFE
Lo citado es uno de los tantos que se podrían mencionar porque si bien es cierto que la historia del café es relativamente reciente, es cierto también desde que sus granos empezaron a difundirse, el éxito de esta bebida en Europa y el resto del mundo fue extraordinario. La planta de café es originaria de Etiopía y de otras regiones de Africa Oriental, donde crece en forma espontánea entre los 1.000 y 1.300 metros de altura.
Entre los siglos XIII y XIV el café fue importado en el sudoeste de Arabia donde se desarrolló, además del cultivo de la planta, la costumbre de utilizar granos previamente tostados. Hasta entonces el café se preparaba con los granos verdes macerados en agua fría. Durante mucho tiempo se creyó que el origen del nombre del café se remontaba al nombre de la región Etíope de Caffa (lugar de origen de la planta) hasta que se llegó a la conclusión mucho más simple de que la palabra era un derivado del árabe “Qahawa” término con el que se designa cualquier bebida a base de vegetales. La tradición árabe atribuye el descubrimiento de la negra medicina a un personaje de Yemen, quien la hubiera utilizado para prolongar las vigilias místicas. Si hubo de por medio ritos religiosos o reuniones más prosaicas en última instancia es un detalle.
Lo principal es que después de haber invadido pacíficamente las regiones árabes, el café se lanzó a la conquista de los cinco continentes.
Tras la difusión en casi todos los países tropicales, llegó a Europa en la segunda mitad del siglo XVI sobre todo gracias a la iniciativa de los mercaderes venecianos que sintieron las bases de un éxito revolucionario. Consecuencia inmediata de la llegada de los primeros sacos de café fue el nacimiento de locales especialmente llamados “ambrosía arábiga”: Italia demostró inmediatamente el “feeling” particular que la ligaba a esa bebida. Muchos piensan que el auténtico café sin considerar la proveniencia del grano es el café italiano. No faltan quienes creen que el café que se toma en la tierra de Garibaldi y Pavarotti es la única interpretación posible que se puede dar a la receta. De hecho, ya sea el café “Expresso” que se sirve en el bar y el café soluble o de cafetera hecho en casa, en Italia es más que una simple bebida, es una de las alegrías cotidianas de la que nadie sabría privarse y es tal vez el único hábito frente al cual se derrumban todas las distinciones de un país fuertemente individualista. Desde el norte hasta el sur pasando por todas las capas sociales, el café es una especie de religión común y salvo raras excepciones “un expresso” será siempre un ofrecimiento bienvenido.
El café express se consume muchísimo en Italia, según las últimas estadísticas, cada uno de los italianos bebe 9 millones de pocillos, lo que hace un promedio de 150 unidades por cabeza, desde recién nacidos a ancianos. Desde hace un par de meses el café se convirtió aunque sea por reflejo en un protagonista más de la vida política nacional. El nuevo alcalde de la ciudad de Trieste dirige una de las principales empresas italianas del sector. El Ylly café se enorgullece de una larga tradición y entre todos los que se encuentran a nivel industrial es la marca que sella para muchos expertos la mejor mezcla actualmente en venta. Más allá del éxito electoral de un joven director la empresa hizo apreciar recientemente por el auspicio dado a una muestra desarrollada en Nueva York, con el éxito en retrospectiva llamado Tutto Fellini, dedicada al gran director italiano. La reseña inaugurada cuando Fellini ya había comenzado su última batalla presentó al público una muestra de retratos presentada por Elisabetta Cartallano, y sobre quienes en parte fueron uno de los principales personajes de este siglo. El mundo aún está unido entre el lazo de café establecido por Eduardo De Filippo y el mundo del espectáculo. Nacido en Nápoles en 1900, De Filippo fue actor y autor de teatro y a menudo encontró en sus comedias la manera de homenajear al café y a sus ritos. No podía ser de otra manera para él, que además de ser un auténtico napolitano había convertido a su ciudad en tema de inspiración de toda su obra. Nadie puede negar realmente que la capital del país se enorgullece de ser la patria del mejor café del mundo.
Llegó el momento de alejarnos de la pequeña mesa redonda y del aroma inebriante del café. No olvidemos que por su magnetismo desde los pieles rojas a los árabes el elixir atrae a casi todo el mundo.
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