Por Redacción
Por Dr. Omar Vecchioli
La denominación de la orquesta responde a una técnica musical en la modalidad de emitir los sonidos, efecto que conocíamos como "portamento"( así nos lo explicó su director, Marcelo Actis). Adecuada elección que no nos impide utilizar otra acepción: la de transportarnos de un lugar a otro, la de producir un cambio en el estado anímico. Esto es lo que sentimos después de escuchar el magnífico concierto en el Día del Tango, que tuvo lugar en el Teatro Lasserre.
Salir de la rutina e ingresar al fascinante mundo de la música es verdaderamente un premio.
El Arrastre no puede ser simplemente oído. Precisa ser escuchado con atención, a fin de comprobar la capacidad de cada uno de sus integrantes y la notable evolución instrumental obtenida.
En 2005 celebramos su creación y augurábamos éxitos. Estudio, perseverancia, dedicación y entusiasmo -aunados al talento que percibíamos- hoy se expresan en una gran obra: la orquesta. Bienvenido y merecido el primer disco compacto.
El Arrastre tiene la estructura, el contenido, la disciplina y el sonido de una orquesta. Suena como orquesta. ¿Verdad de perogrullo?, sí, y parece una tontería el mencionarlo, frente a la evidencia. Ocurre que no toda asociación o grupo de instrumentistas llegan a ser una orquesta.
Están definiendo un estilo propio, a partir de los arreglos de su director y Guillermo Scalenghe (pianista), pudiéndose advertir cierta inclinación rítmica - casi como un aire- a Pugliese, Gobbi, Nijensohn, aunque claramente diferenciado en la esencia integral de cada tema.
El Arrastre tiene identidad musical y algún matiz ecléctico configura un acierto, ya que si la música es el arte de combinar los sonidos es válido y plausible elegir lo mejor, siempre que sea circunstancial y oportuno, y no simple imitación.
Después de haber escuchado reiteradamente los temas -primero en el Teatro y luego en el disco-, nos atrevemos a sostener que la orquesta apunta a desarrollar una propuesta musical acorde con la contemporaneidad en su instrumentación.
Por los momentos hace música de cámara, con una pulcritud y delicadeza admirables, obteniendo una apacible y satisfactoria sonoridad, sin olvidar que está interpretando tangos.
En este contexto la orquesta toma el volumen y el carácter que la partitura y su director le imponen. Aquí está "la orquesta", en búsqueda de la perfección. No existen estridencias, todo es armónicamente musical.
Dicha línea interpretativa, identificatoria, se interrumpe cuando acude a arreglos con matrices standard (La mariposa, La yumba), o utiliza los efectuados por sus autores (Colángelo, Garello, Demarco sobre la obra de Gobbi), confirmando la ductilidad de nuestros músicos y el enriquecimiento musical logrado al haber interpretado partituras originales de las orquestas de Di Sarli, Fresedo, D`Arienzo, Troilo, etc..., cimientos inolvidables de la indestructible construcción del tango.
Los cantantes invitados Julián Rivero y Magalí Fontana (ausente Luciana Tourné) reiteraron las condiciones que se les reconocen, con una adecuada expresión vocal y escénica.
La sobria conducción de Sergio Zanoni, que anunciaba los temas incorporando datos, anécdotas, ilustraron a la audiencia y otorgaron al acto una dinámica compatible con su contenido.
Es la hora 2:30 del domingo. Llevo casi cinco horas con El Arrastre. A través del ventanal oigo el viento y miro la llovizna.
Está terminando el último disco.
¡Gracias, Gran Orquesta El Arrastre!
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