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Información General Martes 30 de Octubre de 2012

El Argentario y la Isla del Giglio

DIARIO DE VIAJE POR TOSCANA: CUARTA ETAPA

Redacción

Por Redacción

Partimos de Portoferraio (Isla de Elba) para tomar el traghetto que nos llevaría al puerto del Piombino. Desde allí, en tren, nos dirigimos a Orbetello, pequeña pero bellísima localidad turística con aproximadamente 7.000 habitantes. 

Orbetello (sobre la costa del Tirreno) surge sobre una península rodeada por las lagunas de Levante y Poniente y unida al promontorio del Argentario por un dique artificial. Las dos lagunas que rodean Orbetello están cerradas por dos lenguas de arena, llamadas “tomboli” que se formaron en épocas lejanas por el transporte de residuos de los ríos. Estos “tomboli“ y el dique son los que comunican el Argentario a la península.

Sobre el Promontorio se encuentran dos pueblos realmente cautivantes: Porto Ercole y Porto Santo Stefano. Nosotros nos alojamos en Porto Santo Stefano.

Llegamos a Porto Santo Stefano en autobús desde la estación de Orbetello. El ómnibus llega con varios minutos de retraso, con un chofer “molto particolare”, que nos llevaría a gran velocidad a destino y llegados al lungomare di Porto Santo Stefano nos dejaría en una parada “vicina“ a nuestro hotel, tan cercana que tuvimos que caminar casi 20 cuadras ascendiendo la costanera, porque sólo hay un taxi en todo el poblado. Pero llegamos, y felices porque todo a nuestro alrededor era como vivir un sueño, pescadores, bañistas, ventas de regalos, bares con música y mucho parloteo... Era un día viernes y todos se preparaban para el fin de semana.

Nos alojamos en el hotel, un poco cansados del ir y venir de este largo día, pero eso no impidió que visitáramos una cantina, en lo alto de una colina, dónde comimos un manjar de la costa tirrénica: frittata di pesce.

A descansar que al día siguiente nos esperaban nuevas emociones. Nos levantamos temprano con nuevos proyectos, es tan hermoso despertar cada día con una nueva meta, descubrir algo nuevo y sentir que todo es real, que no es un sueño.

Además es hermoso comenzar el día con la sorpresa de un nuevo hotel y la incógnita de un desayuno distinto.: cornetti o panini?, toast o biscotti?, omelette o formaggio con prosciutto?, cappuccino o marrocchino?

Todo es parte de los viajes, escuchar distintos idiomas, transitar por nuevas experiencias y coleccionar nuevas anécdotas. Abordamos la nave que nos llevaría a la isla del Giglio, que se hiciera más conocida después del naufragio del crucero Costa Concordia.

Luego de casi una hora de viaje en ferry comenzamos a avistar la costa de Giglio Porto. Allí casi cerrando la entrada al puerto, la descomunal nave Concordia nos impactó y nos dolió.

Una visión cuasi dantesca: el gigante, totalmente oblicuo, casi besando la costa de la isla nos llevó a pensar en aquella noche fatídica, todo a causa de una falla humana que transformó un viaje de placer en momentos de desesperación y de horror.

Los visitantes pocas veces en la vida podemos ser testigos de una imagen tan impactante, que nos movió a la emoción, y a sentimientos de impotencia ante un hecho así.

Cuando organizamos nuestro viaje, meses antes del naufragio, programamos visitar el Giglio por su historia y por su importancia por ser la segunda isla del archipiélago toscano.

Hoy Giglio tiene una herida en su historia. Antes del accidente la isla era un bellísimo lugar con turismo europeo (fundamentalmente italianos, franceses y alemanes), que en número de aproximadamente 400.000 llegaban cada año a disfrutar de sus hermosos paisajes.

Una noche del mes de enero del año 2012, un gigante de más de trescientos metros de eslora naufragó vecino a la costa de la isla. La nave transportaba más de cuatro mil viajeros que buscaban el placer y se encontraron con el infierno. Lo rescatable de la situación fue la solidaridad de una población de sólo mil quinientos habitantes, que abrieron las puertas de sus hogares para acoger a las víctimas. Nadie lo dudó, desde el párroco de la iglesia, hasta el más humilde de los habitantes, todos acudieron en socorro de los pasajeros. Así narran sus vivencias los pobladores que vieron interrumpida la fría y serena noche de ese día con una catástrofe inesperada.

Una breve descripción ayudará a quienes no la conocen, a familiarizarse con esta diminuta joya del archipiélago toscano. La isla del Giglio comprende tres poblados: Giglio Porto, Giglio Castello y Giglio Campese.

Llegar a Giglio Porto es encandilarse con sus colores, su sol radiante de primavera, el colorido de su cielo, de las aguas del Tirreno y de la infinidad de negocios de souvenires. Las barcas de los pescadores que preparan sus redes para ir mar adentro, sus restaurantes típicos, sus bares y el murmullo de su gente hacen de este lugar una postal increíble, fantástica, de ensueño.

A Giglio Castello llegamos en autobús, recorriendo sus callecitas y al llegar un imponente castillo medieval nos recibe y nos transporta a épocas antiguas. Esta parte de la isla está fortificada y sus senderos estrechos y serpenteantes nos llevan a creer que vivimos en otra época.

Dicen los pobladores que viven en Giglio Castello, que cada día, al levantarse su isla les regalaba un paisaje de ensueño. Ahora en cambio, al abrir las ventanas de sus casas la imagen de la nave que naufragó les trae a la memoria una noche tristísima y que quedará por siempre en la memoria de los gigliesi.

Giglio Campese es de origen más reciente y es el lugar de playas y relax turístico.

Regresamos a Giglio Porto, nos sentamos a tomar algo en una característica cantina mientras observamos la estrechez de sus callecitas que apenas permiten el paso de un vehículo. Casi sin hablarnos, cada uno de nosotros, se nutre de los momentos vividos.

Tomamos el ferry, casi al final de este emocionante día y regresamos a Porto Santo Stefano, lugar donde nos alojábamos. Porto Santo Stefano es un pintoresco pueblito, el más importante del Argentario, y se caracterizaba por ser un pueblo de pescadores. Actualmente la pesca pasó a segundo lugar, siendo superada por el turismo. Además Porto Santo Stefano es el único puerto desde donde salen las naves para la isla del Giglio y Giannutri.

Sobre el lungomare, llamado dei Navigatori (de los Navegantes), muy cercano al puerto se encuentra el Acuario Mediterráneo. Guiados por un biólogo marino, nos adentramos en los misterios subacuáticos de esta parte del Argentario. Realmente, una belleza. El lugar fue creado para informar a los turistas de la rica fauna marina del Argentario.

Este pueblito nos encanta, conserva ese halo de pueblo pesquero, de gente sencilla, de hombres fuertes y con los rostros curtidos por el sol y los vientos. Porto Santo Stefano durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeado y se destruyó en parte, ahora lo vemos con construcciones más modernas, pero que no rompen su arquitectura de pueblito de pescadores. Fue durante el siglo XVII, que este “paesino” bajo el dominio de los españoles salió de su letargo y del abandono en que estaba.

También en este lugar se desarrolla el Palio Marinero. Para los habitantes es una verdadera fiesta popular, en donde todos los habitantes rememoran la historia del pueblo a través de una regata donde participan 4 barcas, cada una representando un barrio del pueblo.

De la dominación española queda una fortaleza que protegía el lugar del ataque y del asedio de los piratas. Cuando uno recorre el pueblo debe caminar por pasajes angostos, de piedra, con infinidad de escaleritas que a veces hacen casi imposible el andar normal.

Y nada más grato que volver a la costanera, con tiendas donde podemos encontrar variados souvenires y pescaderías que ofrecen los productos recién sacados del mar.

Todo tiene el color y el aroma del mar, y la panorámica de este pueblo puede resumirse así: fortaleza, acuario, barcas de pescadores y yates de aquellos privilegiados que pasan sus vacaciones en tan maravilloso lugar. Al tercer día nos toca partir rumbo a un nuevo destino, que les anuncio, pero que dejo para más adelante: Pitigliano, la città del tufo.


Ana María Barsotti de Fontanet y Natalia Fontanet Barsotti. Centro Toscano de Rafaela y Jóvenes Toscanos de Rafaela.

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