Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Información General Martes 25 de Septiembre de 2012

El archipiélago toscano: 3º etapa

DIARIO DE VIAJE POR TOSCANA

Redacción

Por Redacción

Dejamos La Versilia, llenos nuestros ojos y nuestro corazón de sus hermosas playas, sus colinas, sus sembradíos, como de las vivencias experimentadas en la querida Pieve di Camaiore, donde están nuestros afectos y nuestras raíces. Pero volveremos en pocos días, después de visitar el Archipiélago Toscano, el Monte Argentario y la bella Maremma.

Antes de la temporada estival, no hay muchas opciones de realizar un viaje hacia el área del Archipiélago Toscano si no es en tren o en automóvil. Partimos desde Viareggio en tren con destino a Campiglia Marittima, y de allí nos dirigimos a Piombino en autobús.

Campiglia Marittima es una localidad costera de la provincia de Livorno. Entre olivares, viñas y el verde de sus campos se encuentra la ruta del vino, donde encontramos innumerables establecimientos agrícolas productores de preciados vinos y “olio d’oliva”, además de otros productos típicos de la región.

El viaje hacia Piombino nos llena de sensaciones inexplicables. Personalmente amo viajar en tren, nada se compara a poder disfrutar de los bellos paisajes toscanos desde “il finestrino”.

Escuchando la marcha casi rítmica de las ruedas del tren, notamos que ningún pasajero parece estresado, todos se relajan en las cómodas butacas, como preparados a disfrutar de un hermoso film.

Uno se propone leer y prepara el libro que siempre nos acompaña en los viajes, pero solo será una intención, porque la magia del paisaje nos envuelve y nuestros ojos no pasan de la lectura de pocas líneas. Quién puede resistirse al placer de grabar en las retinas tantas cosas hermosas.

En Piombino, tomamos el ferry de la empresa Toremare con destino a Portoferraio, capital de la Isla de Elba.

El Archipiélago Toscano está compuesto por siete islas: Elba, Capraia, Pianosa, Gorgona, Montecristo, que pertenecen a la Provincia de Livorno; y Giglio y Giannutri que pertenecen a la Provincia de Grossetto. Las islas del Archipiélago Toscano conforman el parque nacional marino más grande del Mediterráneo.

Capraia y Pianosa por un siglo fueron institutos penitenciarios, actualmente ya cerrados. Gorgona es todavía sede de una cárcel donde los detenidos conviven con los habitantes del lugar trabajando en actividades agrícolas. Para visitarla, se debe contar con la previa autorización del Ministerio de Justicia. La isla de Giannutri es privada, pero está abierta a los que deseen disfrutar de un día de playa y buceo.

Así arribamos a Portoferraio, la capital de la isla de Elba que ha sido en el curso de la historia teatro de importantísimos eventos. Esta isla fue una significativa fuente de beneficios económicos para los etruscos, ya que en el siglo VIII aC explotaban las minas de hierro, el cual comercializaban en toda la cuenca del Mediterráneo.

La isla conserva vestigios del paso de la civilización romana, del dominio Pisano y de los Médici, fue combatida por austríacos, alemanes, ingleses y franceses. En 1814, luego de la firma del Tratado de Fontainebleu, en donde es obligado a abdicar al trono de Francia, llega a la isla Napoleón Bonaparte, que asume el título de soberano de Elba.

En sólo diez meses de gobierno, el nuevo soberano dejó en la isla importantes señales de progreso, construyendo calles, reorganizando la economía de las minas de hierro, e incrementando la producción y la exportación del vino.

A Napoleón se lo recuerda con respeto en Elba. Todos los 5 de mayo, fecha de su fallecimiento (ocurrido en el año 1821, en la isla de Santa Elena) es recordado con una misa que se celebra en la Iglesia de la Misericordia de Portoferraio.

Quedan dos residencias que fueron habitadas por Napoleón que hoy son patrimonio histórico: la residencia “dei Mulini” en el centro de Portoferraio y la residencia campestre de San Martino. En ambas se expone mobiliario, documentos y recuerdos de su estadía en el lugar.

El reportero Robert Camuto del Washington Post visitó la isla en el año 2004 y comentó que Elba debe haber sido un paraíso para Bonaparte, ya que era muy similar a su lugar natal; la isla de Córcega, con sus montañas llenas de minerales, peligrosos acantilados, y hermosas playas.

La Isla es grande y a la vez pequeña, grande por su historia, por la variedad de su paisaje, por la infinidad de pueblitos que encierra, pero pequeña por la simplicidad que posee, auténtica en el ser de su gente. Los isleños no hablan mucho, no sonríen tanto, no te aturden con sus exigencias, pero saben ser amistosos y hacerte sentir uno de ellos.

Caminando por el lungomare de Portoferraio y por el centro histórico, nos sentimos en paz, sin la atmósfera ruidosa de los pueblos turísticos italianos. Si algo interesa al turista, tiene la opción de comprarlo o no, pero no lo obligan a hacerlo, ni lo persiguen con esa insistencia que a veces molesta.

Hoy la isla es famosa por sus ofertas turísticas, pero conserva otro perfume, otro color y es el de sus minas de hierro.

Una curiosidad: la bandera de la isla es de color blanco con una franja roja, transversal, y en ella tres abejas doradas. Las abejas simbolizan la unidad de los habitantes de la isla y su laboriosidad. Esta bandera fue regalada por Bonaparte a su llegada a la isla.

Quien visita la isla en verano lo hace seguramente para disfrutar de sus playas y de mar azul, pero hay mucho más, fortalezas, senderos que nos llevan a fascinantes pueblitos y la visita a sus minas.

Toda Elba es maravillosa, su gente, sus paisajes, su comida simple a base de pescados y su óptimo vino famoso en el mundo.

Cerrar los ojos y pensar que estamos en medio del archipiélago, disfrutando y gozando de tantas bellezas con las que habíamos soñado mirando atlas de geografía italiana nos parece algo irreal.

Después de varios días en la isla nos da pena volver al continente, despedirnos de su gente, tan cálida, de sus cantinas y de sus paseos y pensar que dejaríamos atrás esta pequeña joya del archipiélago toscano.

Nos toca partir y lo hacemos en el traghetto que nos llevará de regreso al puerto de Piombino y desde allí, a Porto Santo Stefano en el Monte Argentario. Pero este será otro capitulo de nuestras experiencias.


Ana María Barsotti del Centro Toscano de Rafaela y Natalia Fontanet Barsotti de Jóvenes Toscanos de Rafaela.

Seguí a Diario La Opinión de Rafaela en google newa

Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.

Te puede interesar

Teclas de acceso