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Información General Lunes 11 de Abril de 2011

Discusiones

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Redacción

Por Redacción

Ignoro si existen estadísticas, pero sospecho que la mayor parte de las discusiones se dan entre marido y mujer. ¡Somos tan diferentes los varones y las hijas de Eva! Solemos pensar diferente y, sobre todo, sentir diferente. Es en el mundo de los sentimientos donde las discusiones conyugales tienen más campo de acción.

Los maridos suelen dar por sentado que la esposa gana o al menos empata la discusión. Aquello de tener la última palabra, “sí, querida”, ¿lo recuerda? Una tira de Jerry Marcus muestra al esposo, con aire resignado, que le dice a su pequeño, “Todo guarda su equilibrio, Danielito. La mitad de las veces tu madre tiene razón; y la otra, yo estoy equivocado...”

Aunque hay maridos que, en público, han aprendido a zafar de manera impresionante. Se cuenta de la señora que, en un restaurante, insultaba en voz alta a su marido. Culminando la diatriba, terminó diciendo, “Conozco gente despreciable, pero vos... ¡vos sos un gusano despreciable!”. Los comensales habían vuelto la cabeza para no perderse la escena. El hombre, con gran aplomo y en tono de voz para que todos lo oyeran, exclamó, “¡Cuánta razón tenías, mi amor!. ¿Y que más le dijiste?”.

En todos los casos es preferible cultivar un espíritu conciliador. ¿Por qué levantar muros cuando se puede tender un puente?

Aprender a valorar las razones de los demás resulta un buen camino de convivencia. Al fin y al cabo, si discutimos es porque pensamos que tenemos razón. Si no toda, al menos parte. Lo que probablemente debiéramos saber es que, salvo excepciones muy raras, todos tenemos razones, pero nadie tiene “la” razón. A ello nos ayuda ponernos en el lugar del otro, tratando de razonar y sentir como él. Para entenderlo.

Levantar la voz, enojarnos, agredir no sirve para nada. Todo lo contrario, se agrandan las distancias. Mantiene su vigencia aquello de Rousseau, “Las injurias son los argumentos de que se valen los que no tienen razón”.

Por el contrario, como alguien escribió, “en el mundo de las relaciones familiares hay otra frase que puede ser tan poderosa como, te amo. Tal vez tengas razón”...

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