Por Emilio Grande (h.)
"Hablé sobre la fe recibida, vivida, transmitida, con una visión sobre cómo la inmigración vino a estas tierras no solamente con el sentido del trabajo sino también sustentada en la fe a Jesucristo en una dimensión religiosa. Fue muy lindo el testimonio de la familia Racca, diciendo que cuando trabajaban a la noche rezaban el rosario, en un contexto en el cual la fe ha estado en el fundamento del desarrollo de toda esta región".
Expresa monseñor Jorge Casaretto, tercer obispo de Rafaela, en una entrevista con este cronista de LA OPINION, luego de la charla que brindó en la mañana de ayer en la Rural. Lleva 28 años como obispo de San Isidro y en diciembre cumplirá 75 años y ya fue elegido el obispo coadjutor Oscar Ojeda para reemplazarlo. Luego vivirá en el monasterio benedictino en Victoria y alguna responsabilidad va a tener. Fue siempre deportista y todavía sigue jugando a la pelota paleta. "Me dijeron que el frontón (de Atlético) todavía no está terminado. Hago un voto para que lo finalicen así puedo venir a jugar un día acá", dice con una sonrisa. Al final de la misa vespertina (ver página 20) se quedó charlando varios minutos con la gente.
-Vivimos un contexto de secularización y materialismo, ¿cómo vivir la fe?
-Frente al individualismo que se vive y una cultura de competir nosotros llamamos a compartir, frente a confrontar decimos dialogar y buscar unidad y consenso. Y la fe tiende a eso, a unir y a sernos hermanos, todos tenemos distintas ideas y pensamientos, pero tienen que enriquecer al del otro y no destruirlo.
-Estos 50 años de la diócesis de Rafaela, ¿qué significan para la vida de la Iglesia?
-La Iglesia ha crecido mucho y está extendida en toda la Diócesis, yo recuerdo que cuando era obispo acá no teníamos sacerdotes en Villa Minetti, vinieron unos padres del Verbo Divino pero ahora ya es una parroquia. La fe está extendida de norte a sur con comunidades muy vivas, los jóvenes han hecho misiones en todas las localidades, siendo un signo de la vitalidad de la Iglesia. Hay una corriente secularista fuerte en el mundo moderno, pero la fe resiste y está viva como en la época de Jesús en grupos quizás pequeños pero están convencidos en su misión apostólica para transmitir la fe a los demás.
-Fuiste obispo de 1977 a 1983, ¿qué recuerdos quedan de aquella época?
-Esos años fueron de mucho aprendizaje como obispo y todas las semanas me acuerdo de Rafaela porque encuentro mis raíces episcopales aquí, habiendo sido muy bien acompañado en aquella época: hicimos la cruzada de oración en familia, la gran misión en 1982 cuando vino la Madre Teresa (de Calcuta), siendo memorias muy fuertes. Ahora monseñor Franzini está muy integrado en la Diócesis como un gran apóstol y conduciendo muy bien la Iglesia, a los sacerdotes muy consustanciados con su ministerio al igual que las religiosas. Veo una Diócesis muy crecida.
-En noviembre se renueva la conducción del Episcopado, se habla que hay una interna, ¿cuál es tu mirada?
-Internamente no hay una institución más democrática que la Iglesia, se eligen los cargos de la Conferencia Episcopal y siempre se encuentra un gran consenso de la gente que tiene que dirigir; hay corrientes como en la vida humana pero lo propio de la Iglesia es que lleguen a acordar y eso es lo que intentamos. Normalmente, las declaraciones del Episcopado salen con un gran consenso de todos los obispos y es algo ejemplar para la vida del país.
-Pasaron casi 30 años del retorno de la democracia, ¿cuáles son las luces y las sombras?
-Primero es muy importante que siga el proceso democrático su curso habitual con elecciones, que el pueblo se manifieste, que no se haya interrumpido la vida democrática ya es un valor muy grande. Siempre habrá mayorías y minorías, lo que importa es que podamos preservar la libertad para expresarnos y sepamos respetar la voluntad del pueblo.
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