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Información General Martes 30 de Agosto de 2011

Cuando la música es soberano deleite

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Antonio Fassi

Por Antonio Fassi

A veces ocurre, que en algún pasaje de la vida, se empantana nuestra memoria terrena, y tarda mucho tiempo en continuar su camino por el sendero del olvido.

Lo que ocurrió el domingo por la noche reciente en la sala de la Sociedad Italiana muy bien puede catalogarse como tal.

Todo comenzó como debe principiar una tarea cuando no se necesitan oropeles grandilocuentes que desvíen las mentes hacia una predisposición de niveles interpretativos que luego, con el transcurrir de la representación, nos muestran desleales realidades.

Rubén Carlini emergió desde un lateral del escenario, y natural y espontáneamente comenzó a desgranar las inconfundibles armonías de un Remo Pignoni, que cada vez nos identifica más con el mundo de la música de este planeta llamado Tierra.

Uno a uno, los estudios que Remo dedicara a grandes guitarristas (comenzando por otro gran talento local, el doctor en música Omar Corrado) fueron apareciendo desde el corazón de su dócil guitarra, para luego desembocar, a través de la cada vez más afiatada voz de María Victoria Birchner, poesías con música de Remo.

A través de una segura interpretación, este dúo fue mostrando una consolidación cada vez más segura entre voz e instrumento.

Poco a poco, el espectáculo fue incrementando su exaltación, cuando emergió José Ignacio Perren, quien desde su piano, afianzó esa cascada de armonías, sumándose al acompañamiento de la angelical voz femenina, y luego a dúo con la clara dicción que Rubén imprime a su instrumento, dieron continuidad al espectáculo.

Finalizada esta primera parte, continuó en el escenario José Ignacio Perren, pero ahora con la sumatoria de Claudio Duverne en teclado, y en temas de acervo nativo, Facundo Rubino en percusión.

Creemos que ya está de más comentar sobre el excelente trabajo a dos pianos que vienen llevando a cabo estos dos grandes instrumentistas del teclado, quiénes, sumados al sutil, fino y a veces etéreo uso de la percusión con que Facundo acompaña las intrincadas y armónicas consonancias del dúo pianístico, hacen de sus actuaciones una amalgama de sonidos, que sólo dejan en el oyente el cautivante placer de elevar el alma hacia las inmarcesibles alturas subliminales del goce musical, hechos que sólo suelen ocurrir cuando la música es verdadera, auténtica, y el uso de las armonías está exenta de las discordantes estridencias y chirridos habituales en demasiados espectáculos musicales del país y el mundo en general.

El público (bastante numeroso a pesar de la noche fría), comenzó aplaudiendo y terminó ovacionando, lo que obligó a un bis, finalizando con la unción de los cinco intérpretes sobre el escenario para el saludo final.

Así sin alharacas, sin presentaciones previas, el espectáculo fue transcurriendo como debe desarrollarse una presentación con verdaderos artistas que por sobre todas las cosas, priorizan el triunfo de la música, que en esta oportunidad resplandeció rutilante y soberana.

Y con ello (estoy seguro) elevó a pleno el espíritu de quienes tuvimos oportunidad de gozar del momento musical genuino.

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