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Información General Martes 3 de Abril de 2012

Corazón exigido

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Redacción

Por Redacción

Ignoro quién habrá sido Tschuang Tsé, pero hay una historia suya que habla de un hombre que no quería aceptar la sombra de su propio cuerpo. Se puso a correr para alejarse de ella. Corrió tanto que terminó cayendo muerto. "Si simplemente hubiera caminado hacia la sombra de un árbol, concluye el autor, él se habría deshecho de su sombra...".

A partir del relato el alemán Anselm Grün escribió un libro que quisiera recomendar: "Armonía interior',', subtitulado "Un camino posible". Dice en la introducción:

"A mucha gente no se le ocurre hoy en día la idea de sentarse a la sombra de un árbol. Prefiere -como el hombre de la historia- escaparse. Pero quien escapa de su sombra, camina hasta morir. Nunca logra la calma. Esta es por cierto la situación de muchas personas que en la actualidad caminan hasta su muerte sólo porque tienen miedo de enfrentar su propia sombra, de observarse en sus aspectos menos agradables. Quieren huir de su sombra; aunque de este modo frecuentemente provocan una inquietud que se manifiesta no pocas veces en problemas cardíacos. No por nada las afecciones cardiocirculatorias son en la actualidad una de las causas más frecuentes de muerte. Si el corazón nunca logra la calma, si se lo sobreexige, en algún momento indefectiblemente fallará su funcionamiento.

En su mayoría son hombres los que se enferman del corazón. Algunos de ellos tienen el corazón completamente sano pero igual temen que pueda detenerse y morir. Los problemas cardíacos muchas veces tienen relación con el miedo. Uno se escapa de algo.

El corazón simboliza principalmente los sentimientos. A menudo son las emociones no permitidas y reprimidas, tales como el amor y odio, las que provocan problemas cardíacos; alteraciones del ritmo cardíaco en unos, ataques cardíacos en otros...

Los enfermos cardíacos muchas veces dan una impresión de obstinación, y se parecen al hombre de la historia. No pueden descansar ni gozar. No pueden sentarse a la sombra de un árbol.

El que nunca tuvo problemas fue el santiagueño aquél: "Soy muy organizado: todos los días me levanto a las doce, porque si no, se me hace tarde para dormir la siesta...". Dije un santiagueño, no todos ¿eh?.

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