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Información General Lunes 2 de Mayo de 2011

Contra la Ley Primera

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María Florencia Forni

Por María Florencia Forni

Al conocer la programación del Ciclo de Teatro Independiente organizado por La Máscara, pensé “la de Moro no me la pierdo”. Porque Mariano Moro se ha convertido para muchos rafaelinos que hemos visto sus obras en Festivales o Ciclos de Teatro, en garantía de calidad artística. La excelente construcción de los textos y el uso de las palabras, son rasgos sobresalientes de este joven dramaturgo marplatense, fundador de la Compañía Los del Verso.

El pasado sábado por la noche, el Grupo Pasillo Teatro presentó “Fraternidad”; una obra en la que las palabras, pronunciadas por dos hermanas cincuentonas, no son ni dulces ni alentadoras sino ingratas, no permiten hacer catarsis sino lanzar y alimentar la furia que viene de adentro, y más que una herramienta para comunicar, sirven para ofender y herir al otro. Una pieza ganadora del Concurso de Coproducciones 2010 de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario.


POCA VIDA

Marta y Lucía, dos hermanas de 50, dos mujeres en decadencia. Compartieron la misma familia, una cuna de oro de la aristocracia porteña, compartieron el mismo colegio, luego el exilio, y hasta compartieron un mismo hombre. Aunque Marta y Lucía quizás no compartieron nada; se envidiaron y disputaron todo.

La obra comienza cuando la hermana menor, desde Buenos Aires, llega desesperada a la casa de Marta, en Salta, después de haber recibido un llamado donde había sido alertaba de un supuesto suicidio. Pero al entrar la encuentra tomando y comiendo como si no pasara nada. En el alcohol, Marta parece buscar consuelo por sus fracasos; pero también satisfacer su hedonismo, pues siempre piensa en sí misma y su goce, y desprecia a los demás.

Lucía intenta ayudarla pero Marta, en cambio, ansía destruir con su verborrea despiadada los sentimientos de su hermana (a quien confiesa odiar desde el día que nació, cuando le robó la posibilidad de ser hija única). Los recuerdos se enredan; las mujeres ventilan sus intimidades, se pierden entre las palabras, se destrozan con la lengua…

Dos hombres jóvenes interpretan a estas mujeres adultas, generando un efecto de dislocación, que se acentúa cuando uno de ellos queda sin peluca y con su sostén desarmado. Técnicamente, se destaca el manejo del cuerpo y la voz de Carlos Chiappero y Cristian Mengoni, quienes además de tener una formación completa en la actuación, portan figuras que potencian la idea del transformismo. El desprecio hacia los otros caracteriza a Marta, una mujer abandonada por su marido y por sus hijas, que no trabaja, que no sale de su casa, que se complace bebiendo champagne, que no tiene un proyecto de vida, que nunca persiguió ideales. Marta detesta a todos: a los homosexuales, a los judíos, a los negros, a los enfermos, a sus propias hijas, de todos ellos habla con desprecio. ¿Pero si Marta no sale de su casa, por qué le molestan tanto los otros?; ¿Acaso la imagen de los otros no existe condicionada por la propia mirada?

Muchos espectadores se ríen ante tanta discriminación, quizá para no sentir incomodidad, o culpa, ante una actitud que no es demasiado ajena.

“He conocido a estas mujeres. Son de la familia. Pero el arte inventa y el artista miente. Fraternidad lleva mezcla de relatos, documentos, recuerdos e imaginaciones. Inventé mucho de lo que aquí se cuenta y sucede. Y hoy no me queda sino reconocer que las cosas más terribles... esas son las verdaderas”, comenta el autor Mariano Moro. Por eso, intuyo, nos cuesta reconocer ciertas cosas; por eso existe el autoengaño.

"Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera"… Moro cuestiona la enseñanza más popular del Martín Fierro. Sucede que a veces el enemigo no está afuera, sino adentro de uno mismo.

Los espectadores podemos igualmente pensarnos a nosotros mismos: porque aunque los rasgos de los personajes aparezcan exagerados en la obra, es posible sentirnos involucrados en la situación de violencia verbal expuesta. Y entonces quizás sea cierto eso que dice Moro: “las cosas más terribles... esas son las verdaderas”.

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