Por Teresita Tosco
La perra jamás olió en el ambiente que habitaba, que no le iban a hacer un lugarcito cuando la familia cerró la puerta de la casa y se subieron a una camioneta de mudanzas. Por eso durante un buen rato siguió al vehículo que se llevaba parte de su vida arriba. No sabemos si la mujer en la cabina lloraba, lo que no hizo fue hacer detener la marcha y llamarla. Cuando se quedó sin aire de tanto correr, la perra se tiró a descansar en el umbral de una casa, y desde entonces no hace más que eso, dormir en los umbrales de las casas de ese lugar. Quizás siente en su sueño, que es el umbral de la casa que perdió. El lugar es el barrio Alberdi, y los umbrales que recorre son de los vecinos de allí, la mayoría con perros en sus patios pero que no obstante se ocupan de darle agua y comida, y la han hecho castrar. Le pusieron Chichita de nombre. Tiene la dulzura que asoma a sus ojos mansos, y si pasan por el barrio, en la cercanía de Víctor Manuel y Mitre, van a recibir la alegría de su compañía y sus gestos de amor. Busca con desesperación poder seguir definitivamente a una persona que le haga el lugarcito que sus dueños originales le privaron aquel día que empezó a correr como Forrest Gamp detrás de la camioneta de mudanzas. Hable por favor a este número telefónico 15418606 quien pueda hacerle un lugarcito. En el barrio ya empezaron a sonar los petardos –el absurdo rito de festejar con ruido la Navidad- y Chichita no tiene adonde ir a guarecer su miedo.
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