Por Antonio Fassi
Los especímenes que nos calificamos como humanos, en general, no sabemos ni de donde venimos, ni quienes somos, ni que hacemos, ni hacia donde vamos. Es tan incierto el papel que nos toca cumplir sobre la tierra, que no conocemos ni remotamente el futuro que representa el próximo minuto. Podemos intuir, predecir, pero nunca asegurar cual va a ser la exacta y precisa materialización de ese inmediato futuro. ¡Ni pensar en un mediano y largo mañana!
Pero si enfocamos la mira hacia otro punto de nuestras cotidianas vivencias terrenales y nos detenemos a examinar las realidades que nos rodean a través de un prejuicio despersonalizado e imparcial, tal vez, podamos percibir cercanamente lo por ocurrir, por supuesto sin demasiadas exactitudes, pero si como una posibilidad global de cercana certeza, dado que somos fervientes defensores de la causalidad, y muy poco adeptos a la casualidad, providencia o como quiera llamarse a la suerte.
Y toda esta perorata inicial, trae como finalidad el revivir una crónica publicada a través de las páginas de este diario el 23 de diciembre de 2012, artículo que llevara como título "El numero uno, modelo a imitar y seguir", donde citábamos que el 9 de marzo se cumplirían 201 años de la llegada del General José de San Martín a la Argentina, a efectos de liberar parte del continente sur del yugo opresor español. Momento importantísimo en la historia del devenir, no sólo de América sino del mundo y citábamos, al mismo tiempo, que este aniversario debíamos esperarlo con renovadas energías, pues "tal vez sea la hora de la separación de la paja y el trigo y quizás haya llegado el crucial momento de inclinarnos por el lado de la verdad o la mentira".
¿Y que ocurrió en la proximidad de esa fecha histórica? Pues que el Colegio Cardenalicio del Vaticano, eligiera en unánime votación al primer Papa americano, nada más y nada menos que argentino. Ahora bien, ¿por qué hacemos una comparación tan cercana entre San Martín y el papa Francisco?; porque hay muchas consonancias naturales y etéreas entre ambos... Veamos: San Martín nació en una reducción jesuítica, Francisco es jesuita en el obrar y el proceder; el segundo nombre de San Martín es Francisco, nombre elegido por el cardenal Bergoglio para desarrollar su mandamiento y; San Martín llegó para cumplir con el "serás lo que debas ser" el 9 de marzo, el 25 de febrero el futuro Papa voló (a la inversa) hacia Roma para su consagración el 13 de marzo y ser lo que debía ser; San Martín se mantuvo humilde, despreciando el poder y la riqueza, respetando hasta a sus más acérrimos enemigos, Francisco obvió el repudio de personas que lo trataron de fascista y lo ignoraron en su propio país, siendo que ostentaba el cargo de cardenal primado de la Argentina, recibiendo a quien correspondía en audiencia especial al ser proclamado Papa; San Martín fue artífice del gran cambio de posicionamiento en el mundo al participar como primer figura en la liberación de América del Sur, Francisco despertó la conciencia del mundo hacia un camino de esperanza, justicia y comprensión, entre los cuales podemos numerar millones de argentinos, que de la noche a la mañana, vieron renovadas sus esperanzas de fe en el futuro.
¿Le parecen pocas semejanzas? Creemos que no, y que esto no fue casual, sino que podemos reflexionar en un resurgimiento cíclico, en el cual entran a tallar seres de luz, para beneficio de las porciones de humanidades que van avanzando a través de los siglos, en la eterna lucha del bien y el mal, y que inmolan sus vidas en pro de un ordenamiento de conciencia, tan necesario para la pacífica convivencia del humano mortal en su andar terrenal.
Quizás si, quizás no, pero los acontecimientos acontecieron y no se pueden negar; conceptuar, discrepar, censurar, sí, pero negar rotundamente ¡no! ¿Causalidad o casualidad?... Usted y el tiempo evaluarán.
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