Por Redacción
En el siglo XIII, el más poderoso de los pueblos bárbaros era el de los francos, que había sometido a las diferentes naciones limítrofes, como los Longobardos, los avaros y los sajones. Carlos Magno, su rey, propició el desarrollo de la cultura, lo que dio como resultado una serie de manifestaciones artísticas que justamente se reúnen bajo el nombre de “renacimiento carolingio”. Como todos los grandes emperadores medievales, Carlomagno, aunque era un bárbaro, experimentó la fascinación de lo romano y quiso hacer revivir el espíritu clásico. Por primera vez en la historia de los bárbaros, los arquitectos de Carlomagno substituyen, en las construcciones, la madera por la piedra. Con respecto a la planta de los edificios se basan en las tradiciones clásica y bizantina, pero interpretándolas según una nueva concepción del espacio. La Capilla Palatina, que el emperador hizo construir en Aquisgrán, es aparentemente similar, por la planta, a la San Vital de Ravena. Pero la aérca ligerea y el íntimo dinamismo presente en la estructura del edificio revenes se transforman, en la Capilla Palatina, en una maciza solidez que trata de determinar espacios bien definidos e inmóviles. La Torhalle (pórtico) de Lorsech, un pequeño edificio que pertenecía a una iglesia consagrada el año 775 por Carlomagno y su mujer Hildegarda, tiene la forma simple y sólida de un cofrecillo románico. La alternación de piedras rojizas y blancas, y el motivo angular que la decora en el exterior, se halla entre sus elementos más originales, el segundo de ellos posiblemente derivado de motivo de adorno de los sarcófagos. También en pintura , o mejor dicho en miniatura ( ya que los frescos carolingio han desaparecido casi por completo ) la época de Carlomagno y de la precedente dinastía de los Morovingios revelan este doble aspecto.
En las distintas escuelas francesas y germánicas, el elemento más nuevo y revolucionario es el indígena, al que se deben ciertas deformaciones en el tratamiento de las figuras. Se trata de una tentativa de carácter casi expresionista, que a menudo brinda resultados imperfectos, pero siempre dotados de una energía ruda y de una vivacidad que preanuncian el arte románico.
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