Por María Florencia Forni
Seis obras de teatro, presentadas en menos de 24 horas en la misma ciudad y producidas todas por artistas locales justifican que Rafaela sea la Capital Provincial del Teatro. Y justifican también este artículo surgido a partir de algunos interrogantes: ¿qué es lo que los rafaelinos intentamos comunicar a través de nuestras obras?, ¿qué conductas y valores representan ante nosotros, los personajes de esas piezas?
El sábado 19 de noviembre, mientras la lluvia y la tormenta limpiaban las calles de Rafaela, como descargando vaya uno a saber qué cosas, en el marco de la Muestra titulada “Disculpe las molestias, estamos trabajando” Matías Aimino, Santiago Alassia, Juan Carlos Cejas y Gustavo Poggi, 4 directores de teatro locales, presentaron Obras “en construcción”, es decir piezas incompletas, desarrolladas durante una clínica de dirección teatral. En este punto deberíamos aclarar que Gustavo Poggi debió suspender su obra debido a cuestiones personales de una de las actrices.
Esa noche en el Lasserre, tradicional sala de la ciudad, revivimos el ritual del hecho teatral. Es decir, el encuentro, aquí y ahora, de los cuerpos presentes. Cuerpos que supieron crear significados con su totalidad: movimientos, miradas, palabras, silencios, tonos y timbres de voces; comunicar diciendo, ocultando, sugiriendo.
Actores, espectadores, protagonistas, testigos, todos fuimos parte del hecho teatral en el marco de esa muestra (en construcción). Y vivimos teatro en cada lugar de ese espacio físico: en el hall de entrada, en los pasillos, en el sótano, en la llamada sala L, en el escenario.
El domingo siguiente por la tarde, el Grupo Punto T/ La Máscara, referente local del llamado teatro independiente, estrenó su nueva producción: “Monstruos al teatro”, con textos de Graciela Repún y Patricia Suárez, y dirección general de Marcelo Allasino.
Las obras de teatro pueden convertirse en una excusa más que válida para compartir momentos con los chicos; primero, el de la función y después, esos momentos que surgen espontáneamente a partir de las preguntas que los pequeños suelen hacer acerca de las historias y los personajes que estimulan su imaginación.
Los de “Monstruos al teatro” son relatos que remiten a los mitos griegos y si me preguntasen si los chicos entienden esa literatura yo me limitaría a responder que los chicos intuyen e imaginan cosas que de grandes olvidan.
Luego de la función en la sala de La Máscara llegué “casi volando” al Centro Cultural Municipal (sala Sociedad Italiana) porque un rato después comenzaría “Fanto”, obra escrita y dirigida por Santiago Allasia e interpretada por José Alberto Fanto.
Fanto: el “gran actor de Rafaela” que también es “babacho”, “ciruja”, “medio artista”. Me pregunto cómo puede una persona ser gran actor y ciruja al mismo tiempo. Por qué la gente lo aplaude en el teatro y lo desprecia o ignora en las calles. Esa noche, Fanto actuando de sí mismo estremeció al público. Y antes de que comenzara una nueva tormenta, después de la medianoche, supe que no podía hacer una "crítica" de la obra de Allasia, porque desde el comienzo la había pasado por el corazón.
Ese domingo por la tarde, María Eugenia Meyer me había invitado a la muestra del taller de teatro para adolescentes que coordina en el Centro Cultural La Máscara y en la que participarían estudiantes de la Escuela Nº 428 (ex Colegio Nacional), y María Eugenia Marzioni a la muestra del taller de teatro con niños del Centro Ciudad de Rafaela. Claro, también Gustavo Poggi me esperaba a la muestra de su taller y Gabriela Guibert al estreno de Danzarte, un grupo independiente de danza contemporánea que busca renovarse, “empezar de nuevo”.
Conclusión: en Rafaela se hace teatro. Se hace mucho teatro, pero ante todo, se hace con pasión y compromiso.
Por eso, Rafaela es capital provincial del teatro. Pero más allá de ese título, tanto teatro despierta aquellos interrogantes iniciales: ¿qué es lo que los rafaelinos intentamos comunicar a través nuestras obras?, ¿qué conductas y valores representan ante nosotros, los personajes de esas piezas?
El sociólogo francés Jean Duvignaud sostiene que una sociedad hace teatro cuando está en crisis, es decir cuando necesita repensarse a sí misma, repensar los valores que sostienen las conductas individuales y colectivas. Por ejemplo, los que transmitimos a niños y jóvenes, a quienes se suele criticar o juzgar como violentos sin hacerse cargo del rol.
Teatro infantil, teatro dramático, teatro del absurdo, teatro “piamontés”. Teatro en los pasillos, en los sótanos, en los escenarios, en las salas tradicionales, en las menos convencionales. Teatro por necesidad. Teatro para decir lo indecible. Teatro para vivir o para no morir en el mundo tan racional.
Cuerpos comunicando. Poesía que se hace humana. Humanos que hacen poesía, cuestionan normas, cuestionan prejuicios, destruyen para reconstruir.
Gracias amigos teatreros por actuar. Actuar de amor, de hastío, de alegría. Improvisando, de memoria. Gracias.
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