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Información General Martes 30 de Noviembre de 2010

Cantor de la orquesta

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Juan Carlos Perucca

Por Juan Carlos Perucca

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Por Juan Carlos Perucca

En artículos anteriores (LA OPINIÓN 8 de enero y 1 de diciembre, 2008) hacíamos referencia al "cantor de la orquesta", una figura que, en numerosas ocasiones contribuyó seriamente a fundamentar la fama de varios conjuntos "tangueros", llegando en cada caso a configurar una dupla capaz de ganar las preferencias de los amantes de nuestra música más popular. Corresponde en este sentido recordar a dos vocalistas que jerarquizaron a las orquestas con las que actuaron, como fueron Francisco Fiorentino, "Fiore", y el "Tata" Floreal Ruiz, dos señores intérpretes que aún hoy, al escucharlos vocalizando "Margarita Gauthier" o "Tarde gris", respectivamente, nos permiten disfrutar de nuestra música ciudadana en su máxima expresión.
Francisco Fiorentino ha quedado identificado por los amantes del género
con Aníbal Troilo, siendo considerado como el prototipo del cantor de
la orquesta, integrando con el conjunto y su director un acople perfecto, diciendo los versos con todo el sentimiento que su contenido exigía pero manteniendo a la vez una llamativa naturalidad, sin desbordes de un eventual histrionismo que no correspondía. Mesura y buen gusto, esas eran las características fundamentales en que se basaba la calidad interpretativa, con un dejo intimista que nos daba la sensación de estar contándonos la historia que encierra cada letra como si surgiera de un instrumento más del conjunto orquestal.
Daba la sensación de haber comprendido cabalmente el sentimiento del poeta que escribió cada letra, para luego transmitirla al público de tal modo que todos quienes lo escuchamos pudiéramos participar también de ese tema. En sus comienzos, hacia fines de la década del 20, "Fiore" alternaba sus actuaciones entre bandoneonista y cantor (o "estribillista" según citan algunos autores, refiriéndose a quien canta los "estribillos") hasta que en 1937 Pichuco lo incorpora a su conjunto y así queda marcado su aporte definitivo al tango. Son varios los estudiosos que aseguran que la calidad orquestal de Troilo comenzó a desarrollarse cuando incorporó a Fiorentino como cantor y a Orlando Goñi como  pianista.
De esta combinación que duró 7 años nos quedan 60 grabaciones, varias de ellas de una calidad inigualada como "Gricel", "Tabaco" y la citada "M. Gauthier". Posteriormente Fiorentino formó su propia orquesta, dirigida nada menos que por Astor Piazzolla, quedando de este notable conjunto 24 grabaciones que hacen las delicias de todo coleccionista, pese a que por haber sido de avanzada en su momento no lograron una total aceptación por parte del público más afecto a lo tradicional.
Francisco Fiorentino, "Fiore", se encontró con el destino en un camino
vecinal de Mendoza, en septiembre de 1955, cuando en una mala maniobra en el ripio el auto volcó y el cantor salió despedido ahogándose en la acequia que en Cuyo suele correr junto a la huella.
Floreal Ruiz, el "Tata", fue otro vocalista prototipo del cantor de la
orquesta, como un instrumento más imprescindible para la interpretación
cabal de cada tema. Tuvo su máxima popularidad a mediados de los 40
cuando integró la orquesta de Troilo en reemplazo de Fiorentino, si bien ya había alcanzado gran fama años antes diciendo los versos en el conjunto de Alfredo de Angelis. Durante su etapa con Pichuco surgieron piezas inolvidables que aún hoy nos regalan el oído como "Sólo se quiere una vez" y "Marionetas", a la vez que conformó un dúo de calidad pocas veces igualada con Alberto Marino.
Posteriormente Floreal Ruiz pasó a integrar la orquesta de Francisco
Rotundo, temporada de cuya calidad nos ha quedado como muestra su
brillante interpretación de "Melenita de oro", un hermoso tango que resulta doblemente agradable en esta versión digna de jerarquizar cualquier discoteca.
Todos los estudiosos que se han dedicado al tango coinciden en considerar a Floreal Ruiz como el paradigma del intérprete, verdadero "fraseador" de las letras de cada composición musical, diciendo los versos con claridad para transmitir apropiadamente el verdadero sentido de las palabras en directa y ajustada coordinación con la música.
Según plantea Ferrer "... es la manera peculiar que tiene cada intérprete vocal o instrumental para dividir rítmicamente la frase musical...". A su vez, la Real Academia establece que el fraseo es el arte de formar, enunciar y entonar las frases.
De acuerdo con esto, Floreal Ruiz fue un cantor que entendía con plena
claridad lo que cada letra intenta significar, y tenía la capacidad para expresarlo siguiendo con pleno ajuste la música que la orquesta iba desarrollando. En 1978 el corazón le dijo basta y perdimos un intérprete de nivel muy pocas veces igualado. Quizás de entre todas las máximas voces de mediados del siglo pasado fue Julio Sosa quien mejor entendió esta forma de expresar la letra de un tango y se constituyó en el continuador del cantor-intérprete idealizado por Ruiz y Fiorentino.


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