Por María Florencia Forni
En noviembre, el Centro Especial “La Huella” de Rafaela participó, representando Santa Fe, en el Primer Encuentro Interinstitucional de Centros Educativos Terapéuticos, Centros de Día y Hogares realizado en la ciudad de San Miguel de Tucumán.
En el encuentro, organizado de manera conjunta por el Programa de Discapacidad e Inclusión Social de la Secretaría de Bienestar Universitario de la Universidad Nacional de Tucumán y la Fundación Color Esperanza, participaron más de 30 instituciones de las provincias de Tucumán, Buenos Aires, Jujuy, Córdoba, Chaco, Catamarca, Mendoza y Santa Fe.
El licenciado en Psicología Santiago Saliva y la psicomotricista Luisina Eijo dialogaron con LA OPINION acerca de esta experiencia y también de los logros y desafíos en relación a la inclusión social.
-¿Qué aspectos de la llamada “Semana de La Huella” han querido compartir en el Encuentro Interinstitucional en Tucumán?
-El encuentro interinstitucional tenía como tema central “De la endogamia a la exogamia institucional” y justamente ese fue uno de los pilares fundamentales a la hora de pensar en la Semana de La Huella: la necesidad de salir hacia afuera, ocupar y transitar diferentes espacios públicos y privados inéditos, siendo los concurrentes los protagonistas centrales de este proceso. En el encuentro se compartió la idea central de todo el trabajo realizado en septiembre, en el cual no se trató de mostrar el modo de trabajo llevando las producciones de los concurrentes a otros ámbitos sino la creación de nuevos sucesos y encuentros, intentando de algún modo romper con los modos habituales de relación.
-¿Qué aportes recibieron de las demás instituciones acerca de este evento que se lleva a cabo en la ciudad?
-La experiencia fue altamente positiva, ya que las demás instituciones se mostraron muy interesadas tanto en la proyección del documental como en la disertación. Se destacó tanto desde la fundación Color Esperanza como de la Red Interuniversitaria de Discapacidad y Derechos Humanos, la precisión teórica de los conceptos planteados y, más gratificante aún, cómo esa teoría se veía plasmada en hechos concretos, como los sucesos de la Semana de La Huella. Aportes recibidos, muchísimos, siempre es estimulante escuchar y aprender del trabajo de colegas en distintas partes del país, donde uno puede encontrar que desde diversas instituciones, todos estamos trabajando bajo el mismo fin común.
-¿Por qué es importante para sus instituciones trabajar estableciendo lazos y redes sociales?
-Al vivir en sociedad estamos inmersos en una multiplicidad de redes sociales, las cuales a partir de la generación de diferentes lazos permiten pensar en trabajos cooperativos. Pensar desde esta mirada nos permite ser conscientes de que muchas veces como institución no podemos resolver todas las demandas de nuestro contexto. Para eso, el nexo con otros sectores de la comunidad, otros organismos e instituciones nos permite coordinar acciones y pensar en un trabajo completo, coordinado e inclusivo. Sólo estando atentos a las múltiples dimensiones que constituyen la vida social de un sujeto puede pensarse un trabajo que impacte sobre la calidad de vida del individuo de manera integral.
LA INCLUSION,
UN PROCESO
-Pensando la discapacidad desde el paradigma de la inclusión social, ¿qué conceptos han trabajado durante su disertación?
-Básicamente desarrollamos nuestro pensamiento acerca de la discapacidad no como una condición natural, localizada en un individuo sino como una construcción social. Esto significa que la discapacidad está situada en los vínculos que se establecen. Cuando este modo de relación se instala como hábito genera que la persona con discapacidad se desarrolle así, se piense así, se viva así. Y repita los propios modelos limitantes desde donde fue definido y “construido” como sujeto “discapacitado”. Esto genera además modos de socialización excluyentes, segregativos y cerrados en sí mismos. Pensamos que la discapacidad es una construcción a partir de una diversidad y que esa construcción de un modo de ser y vivir se produce siempre en relación a otros, en relación a costumbres, mitos, ideas que no se cuestionan y nunca solos, por eso la inclusión es, también, un proceso social, un aprendizaje cultural.
Esos fueron a grandes rasgos los conceptos trabajados, la discapacidad y la exclusión o inclusión no como realidades naturales sino como situaciones de vida.
-¿Qué logros creen que estamos logrando en la ciudad respecto al tema de la inclusión? ¿Y cómo podemos seguir avanzando?
-Los avances que se ven en la ciudad están en sintonía con las modificaciones que se están gestando a nivel nacional y global en cuanto al debate acerca de los derechos de las personas con discapacidad. Es, desde hace unos años, una problemática con mayor visibilidad, que está más presente. Esto gracias, en gran medida, a la promulgación de la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas (2006), a la que Argentina adhirió a partir de la Ley N| 26.378. De todos modos es un proceso a largo plazo, un aprendizaje que se irá generando a través de distintas generaciones... una sociedad no pasa a ser más inclusiva de un momento a otro. Es cuestión de insistir, ir sembrando y tener paciencia. Lo bueno es que ahora hay una ley que marca ciertas pautas de base. Para ir mejorando, son muchas las acciones que se podrían realizar, desde favorecer la inclusión laboral de las personas con discapacidad, solucionar las barreras arquitectónicas, apostar a la inclusión de personas con discapacidad en las escuelas, pero fundamentalmente aprender a convivir con las diversidades y dejar de ver la discapacidad como algo extraño. Para lograr esto la única manera es, justamente, acercarse y compartir.
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