Por Redacción
BUENOS AIRES, 8 (NA). - Una multitud de fieles se congregó ayer en el barrio porteño de Liniers ante el santuario de San Cayetano, el santo patrono del pan, la familia y el trabajo, para demostrarle su gratitud y pedir por sus bendiciones.
El lema de este año fue "Junto a San Cayetano rezamos por la paz, el pan y el trabajo" y la misa principal de la cumbre religiosa estuvo presidida por el cardenal Jorge Bergoglio, quien reclamó a los fieles por "un cambio de vida" y recordó que pensar en los demás "hace a la dignidad de una persona".
"Al entrar en esta casa pedimos la gracia de salir cambiados, pedimos la alegría que da dejar cada uno sus maltratos y salir convertidos en hombres y mujeres de paz, que ponen paz en medio de una ciudad agresiva y violenta", dijo durante su sermón.
Bergoglio también pidió por una conversión interior que permita dejar de "ser ñoqui y vividor" para ser un trabajador "honrado, justo y solidario".
Asimismo, exhortó para pasar "de ser un coimero a ser un tipo solidario".
"Junto a San Cayetano rezamos y pedimos la gracia de dejar cada uno sus avivadas y ser hombres y mujeres con sed de justicia, con esa alegría que da pensar cómo ser más justos en nuestras relaciones", agregó.
Antes, a partir de las 4:00, y durante toda la jornada distintos sacerdotes ofrecieron misas a los peregrinos cada hora.
Desde el primer minuto del domingo, el obispo auxiliar de Buenos Aires, Raúl Martín, abrió las puertas del santuario para que la gente pida, agradezca y ofrende al santo, que año a año convoca multitudes.
Desde hace varios días, desafiando las noches frías, los fieles acamparon sobre la avenida Juan B. Justo, a la altura de Liniers, para participar de la renovada demostración de fe hacia el santo de los trabajadores.
Los peregrinos compartieron hasta este sábado el mate y charlas, para tomar los primeros lugares para mostrar, a partir del primer minuto de este domingo su devoción al patrono.
El cura párroco del santuario, Jorge Carbonell, advirtió que el vínculo de la gente con la celebración "es espontáneo y no necesita que la Iglesia organice nada para que cada 7 de agosto se provoque un encuentro sincero con el santo".
La cantidad de fieles, admiten en la parroquia, fue reduciéndose año a año, teniendo en cuenta que se abrieron varios santuarios a lo largo y a lo ancho del país, aunque siguen llegando a Liniers peregrinos de parajes distantes.
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