Por Ezio Ricci
Puerta de Occidente abierta sobre Oriente, la ciudad de Venecia desempeñó en la época medieval una función importante en la historia del arte italiano.
En efecto, hizo conocer a Italia los tesoros del arte bizantino, y en base a este supo construir expresiones propias de bellezas inigualables. Así sucede en San Marcos, la famosa Basílica cuya esplendente riqueza interior está acompañada por una estructura arquitectónica que es audaz y solemne a un mismo tiempo.
EL AISLAMIENTO DE VENECIA
La ciudad de Venecia, con todos sus monumentos, representa un fenómeno aislado en la historia del arte italiano, ya que todos los impulsos artísticos son interpretados allí según particulares exigencias, más propias del ánimo que del estilo de los venecianos. He ahí porqué, en la Basílica de San Marcos pueden hallarse elementos de estilo románico y otros de los maestros lombardos; pero el espíritu que anima estas estructuras es completamente distinto y original. Aérea, espaciosa, luminosa, la Basílica de San Marcos es como el desarrollo suntuoso de San Vital de Ravena. La estructura arquitectónica es claramente bizantina y poco tiene en común con el románico propiamente dicho. De la misma manera, la decoración realizada con mosaicos, resplandeciente de luz y pródiga de colores, se resuelve totalmente en imágenes plenas de lirismo, caprichosamente irreales, que se han desmaterializado como la misma arquitectura que las acoge.
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