Por Hugo Borgna
“Querida señora, fragmentos de una novela inconclusa”, novela inédita e inconclusa de Lermo Rafael Balbi, edición 2010 de la Municipalidad de Rafaela, de 196 páginas, con introducción y notas de Marta Zóbboli y Mirtha Coutaz de Mascotti.
La definición que hace Catalina de su nueva tierra habla por sí sola, supone el asombro, condimentado con temor, ante la interminable llanura, aparentemente plácida y previsible, pero de la que surgen enemigos silenciosos y sorpresivos, capaces de poner muy en estado de alerta a los nuevos dueños, como una yarará, o de más tamaño, como indios y gauchos que intentarán quitarle sus pocos bienes.
Balbi tuvo esa doble visión que integraba armónicamente al poeta y al hombre que vivió en el campo. La belleza sublime del cielo y la rudeza de la tierra, unidas, le dieron al habitante una nueva medida de convivencia con el medio, entre el respeto y la fuerza de carácter para dominar el medio y hacerlo productivo.
Pero por sobre todo, tuvo admiración por esa raza de casi semidioses que llegó a nuestra zona y debió hacerlo todo, primero para tener lugar donde cobijarse y luego para que él y su familia pudieran crecer y, paralelamente, obtener de la tierra los medios para no perderla y, con el tiempo, lo que suponía entonces una utopía, hacer que los hijos pudieran vivir de ella.
“Querida señora” enfoca en Francisco Buiani y su familia el drama y la fe, tomada de un pequeño rayo de sol entre las incertidumbres de cada día, muestra seres tan frágiles que necesitan como nadie de la ayuda del Dios del cielo y tan porfiados como para aceptar el desafío de poblar la llanura. Entre la nada que surge de haberse desprendido de los bienes y el todo prometido a los que deberán dejar las lágrimas y el sudor, no hay punto medio: sólo el amor a la familia es tan fuerte como para incentivarles su mejor herramienta, los brazos.
Lermo Balbi, es sabido, mostró como pocos la epopeya de nuestros antecesores (decirles gringos ya es anacrónico, porque somos su fruto). En “Querida señora”, los retrata íntimamente, tal vez mucho más de cómo se vieran ellos, porque la vida diaria no les permitía tener tiempo para analizar sentimientos. Sí, vivirlos acrecentando el bloque familiar. La ternura, personificada en Catalina; el asombro, representado por el pequeño Cleofás, uno de los hijos, más el trabajo y la planificación protectora, obviamente Francisco Buiani, son los tipos humanos de todos los tiempos, el ejemplo y la consecuencia al mismo tiempo.
Lermo Balbi ama a sus personajes, admira a quienes sienten con el cerebro y piensan con el corazón y los hace trascender en su obra como hombres que tuvieron todas las valentías sin saberlo, porque abarcaron la vida natural y totalmente. Su prosa habitada de poesía, tierna, creativa, original, su modelo de literatura -respetuosa e innovadora al mismo tiempo, al ir siempre más allá de lo conocido- son partes de la grandeza de un autor. En su escritura se puede encontrar siempre algo más, y “Querida señora” es una muestra, necesaria además, de lo dicho.
Hay que destacar la criteriosa y sensitiva tarea de compaginación del borrador original de Balbi, de Marta Zóbboli y Mirtha Coutaz de Mascotti, realizada con conocimiento y cariño y, una vez más, la excelente predisposición de B. E. Milesi -designado albacea literario de la obra inédita por la familia del autor- al difundir la obra que dejara sin publicar Lermo Balbi, porque eso nos hace posible el gusto de asimilar (significa mucho más que leer) una obra que, decidimos, es de nuestro patrimonio.
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