Por Redacción
Por Haideé Signorini de Jiménez Grotter. - La Iglesia Católica hace muchísimo por la gente que menos tiene y por la educación de los pobres en todo el mundo.
Tal vez, sea necesario recurrir a las estadísticas para confirmar esto, mediante aporte de datos que clarifican cuánto trabaja a través de sus distintas organizaciones internas.
La Iglesia Católica en América mantiene 1.954 hospitales, 5.459 dispensarios, 63 leproserías, 3.755 hogares para ancianos y minusválidos, 2.488 orfanatos,
4.212 jardines de infantes. América del Norte envía 8.193 misioneros y recibe 1.645. América del Sur envía 5.785 misioneros y recibe 12.011.
La Iglesia Católica en Oceanía mantiene 167 hospitales, 190 dispensarios, 1 leprosería, 362 hogares para ancianos y minusválidos, 60 orfanatos, 92 jardines de infantes.
La Iglesia Católica en Europa mantiene 1.232 Hospitales, 2.457 dispensarios, 4 leproserías, 7.975 hogares para ancianos y minusválidos, 2.580 orfanatos, 2.376 jardines de infancia. Envía 66.776 misioneros y recibe 7.764.
La Iglesia Católica en Africa mantiene 964 hospitales, 5.018 dispensarios, 270 leproserías, 655 hogares para ancianos y minusválidos, 791 orfanatos, 2.036 jardines de infantes. Africa envía 2.585 misioneros y recibe 14.748.
La Iglesia Católica en Asia mantiene 1.076 hospitales, 3.402 dispensarios, 340 leproserías, 1.685 hogares para ancianos y minusválidos, 3.049 orfanatos, 2.959 jardines de infantes. Envía 8.481 misioneros y recibe 6.306.
Datos extraídos de P. Tribuna del 14/03/2013.
No sólo estas estadísticas son poco conocidas (incluso por los mismos católicos) sino que no se sabe que en el propio Vaticano hay un comedor para pobres y que ¼ de los enfermos de SIDA en el mundo son atendidos gratuitamente por la Iglesia Católica.
Con respecto a la educación, todos los colegios católicos del mundo subsidian uno para pobres que son totalmente gratuitos también.
La llegada del papa Francisco, que nos llena de orgullo y de felicidad, seguramente acrecentará esta tarea magnífica de ayuda a los que menos tienen y más necesitan, que fue siempre la obsesión de San Francisco de Asís.
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