Por Redacción
El dibujo de Caloi nos muestra a una turista de sierras. Sesentona, calzando bermudas, junto con la infaltable cámara fotográfica, carga un típico bolso aborigen repleto de hierbas medicinales. Se le cruza un changuito en el camino, ofreciéndole otro yuyo.
"No, gracias querido..., se disculpa la turista. Ya compré yuyos para todo: para los riñones, el hígado, el dolor de cabeza, digestivos, las úlceras, la calvicie, el pie de atleta, las hemorroides, el corazón, el mar de amor, los nervios, la vista, afrodisíacos, para la hipertensión, los dolores musculares, la circulación, la urticaria, las várices, las articulaciones... ¿Para qué me puede faltar otro yuyo?...".
Rápido, el chagüite le encuentra el para qué. "Pa' la hipocondría" .
La ingestión de remedios caseros no suelen provocar mayores problemas, siempre que se los use moderadamente. En el peor de los casos -salvo excepciones- no producen ningún efecto. Otras veces logran la curación más por la capacidad de autosugestión del paciente que por la eficacia real del remedio.
El problema se vuelve serio cuando se acude indiscriminadamente a los fármacos para automedicarse con ellos. "La palabra (automedicación) es expresiva por sí misma; califica el hecho a menudo convertido en práctica habitual, de que alguien tome medicamentos por propia decisión, es decir, sin consulta previa con el técnico responsable; en el caso, el médico", escribía muchos años atrás el doctor Florencio Escardó. El hábito está de tal modo difundido, que puede afirmarse que no hay nadie que alguna vez no haya incurrido en ello. Su análisis profundo merece un capítulo de educación sanitaria que aún está por escribirse a pesar de la continua advertencia que en lo particular hacemos los profesionales.
Sus variantes más comunes residen en el uso repetido de un medicamento recetado por un galeno y que se mostró útil en ocasión anterior o en la transaccional de pedir consejo al farmacéutico con la somera referencia de tal o cual síntoma y la consiguiente adquisición de la droga, práctica que merece la más severa condena deontológica".
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