Por Ezio Ricci
La fidelidad de la representación de la naturaleza era condición esencial para conseguir el propósito mágico.
Es tan imprevista y extraordinaria la floración artística de las pinturas y relieves en las cavernas prehistóricas de la edad de Piedra; es ya tan maduro y evolucionado el estilo, que suscita la más profunda admiración. Tanto que no es posible indicar los precedentes de tan alto resultado expresivo.
En las cavernas de Francia y España han aparecido los más sorprendentes testimonios del arte de nuestros progenitores; del suave calcáreo surgen las imágenes de los animales que habitaban la tierra en la época de las glaciaciones. Sobre la roca se imprimen las figuras realistas de toros, bisontes, renos, caballos salvajes, mamuts. Bastaban pocos signos y una coloración sumaria para definir las actitudes de los animales, a menudo expresadas con un aprovechamiento inteligente de las ríspidas superficies de las cavernas, ya sea en plácido reposo, ya en desenfrenada carrera.
EL ARTISTA BRUJO
Para el hombre primitivo no se trata de una diversidad desinteresada, sino que, por el contrario, identifica la imagen real y concreta del animal que debe cazar y será su presa, con la imagen representada por su arte. Por eso lanza la flecha sobre el diseño zoomorfo, o traza la flecha sobre el cuerpo del animal, como en las cavernas de Niaux (pron.: Nio), en las vertientes francesas de los pirineos. Podemos, por lo tanto, estar seguros que de estas figuraciones tenían la precisa función de propiciar la caza, eran un rito mágico que formulaba el brujo, quien, con toda probabilidad, era también el ejecutor de estas pinturas, y que pintaba igualmente los cuerpos de los cazadores. Quizás de estas antiquísima comunión de arte y magia, derive el hábito de misterio que siempre ha circulado la creación artística y al artista mismo. De esta primitiva identificación entre imagen y realidad da clara idea el vocablo con que los egipcios indicaban el arte de esculpir, que era ni más ni menos que “parir”. El artista, no convertía la realidad externa en una figura, sino que en la figura creaba otra externa.
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