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Información General Domingo 16 de Diciembre de 2012

Arte en el siglo XXI

Los grandes pintores italianos: los Carracci.

Ezio Ricci

Por Ezio Ricci

En los días de la aparición genial del Caravaggio, tres pintores boloñeses -los hermanos Aníbal y Agustín Carracci y su primo Luis Carracci- crearon un nuevo tipo de pintura que, si bien no posee la violencia revolucionaria del maestro Lombardo, es, sin embargo, tan importante como este en su empeño por superar las frías y complicadas fórmulas del último período "manierista" y abrir un nuevo rumbo a la expresión artística. La academia de los "encaminados" que los tres abrieron en Bolonia y que continuó bajo la dirección de Luis, cuando Aníbal y Agustín se trasladaron a Roma para cumplir importantes encargos, no enseñó reglas nuevas propiamente dichas. Pero no puede decirse que haya fomentado un fácil eclecticismo, oriondo en los estilos de Miguel Angel, Rafael y Tiziano, como erróneamente se creía en el pasado. En realidad los Carracci buscaron, estudiando la gran pintura italiana del siglo XVI, la mejor expresión para dar vida a un mundo que, si es clásico por los temas y los pretextos, es totalmente nuevo, por el espíritu que los anima. Su pintura es definida como "clasicismo" alejado de la fría erudición, ya que extrae su savia de una observación directa y sensible del mundo real, y se reviste de una frescura, de una espontaneidad y de una vitalidad completamente inesperada. 

Luis, especialmente formado en el estilo de los pintores vénetos y, sobre todo, del Correggio, se dedica con preferencia a los temas sagrados, ejecutando grandes retablos en los que el sentimiento de religiosidad severa es templado por rasgos de cálida y humana dulzura. Agustín, el menos dotado artísticamente de los tres, se dedica sobre todo al grabado, dejando pocos cuadros, entre los cuales se destaca la comunión de San Jerónimo.

Finalmente, Aníbal el más versátil y completo, pasa de la nostálgicas evocaciones del mundo clásico, como por ejemplo, los frescos de la Galería Fermesio de Roma, a la sencilla afabilidad de sus retratos y a los deliciosos paisajes de los lunetos del palacio Aldobrandini. Precisamente en este clasicismo revivido efectivamente, está el punto de partida de algunas de las más significativas realizaciones pictóricas del siglo: las de Poussin y las de Claudio Gallée, llamado el Lorenés.


Fuente: Arte Rama.

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