Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Información General Domingo 19 de Agosto de 2012

Arte en el siglo XIX

Leer mas ...

Ezio Ricci

Por Ezio Ricci

LA EPOCA NAPOLEONICA


El encumbramiento de Napoleón y su fortuna militar, que lo llevaron a fundar un imperio europeo, contribuyó en forma determinante a la divulgación del estilo neoclásico, puesto que los ideales políticos de Bonaparte y los ideales artísticos de la época coincidían en su vocación del mundo antiguo. Si, antes, la Revolución francesa y el pensamiento iluminista habían inducido a artistas y pensadores a buscar inspiración en el antecedente de organización democrática de los Estados Griegos o de la república romana, ahora es la gloria del imperio cesáreo la que se impone a la mente de todos como el fin más alto por alcanzar. Napoleón se convierte para los artistas contemporáneos suyos en el gran héroe que hay que celebrar; no es por casualidad que Canova lo representa como si fuera un antiguo emperador romano; Gros y David narrarán sus empresas en tono épico y dramático, y los arcos de triunfo que le son dedicados, tendrán la monumentalidad de los arcos levantados en honor de Augusto. Naturalmente, hay mucha retórica en este nuevo estilo europeo, pero al mismo tiempo una confianza ingenua y un amor sincero por el mundo perdido de lo clásico. La revelación hecha por la arqueología de numerosísimos elementos de la cultura Griega y romana, había suscitado una profunda nostalgia de aquel ideal de belleza que se fue perdiendo con el correr de los siglos, y los artistas que actuaron en esa época creyeron sinceramente poder revivirlo. Dentro de la contenida convencionalidad expresiva de Thorvaldsen, de Claudet y de Flaxman está siempre el sueño secretamente acariciado de una perfección formal: detrás de los arcos, las columnas y los frontones de la arquitectura Piermarini y de Valadier, de Chagrin y de von Klense se siente el deseo de alcanzar la eterna proporción clásica y la presencia de un ideal renovado; en fin, en la pintura de Giroder, de Guerín y Appiani vibran un anhelo de belleza pura y de armonía perfecta.

La evocación de episodios de la historia antigua, que le inspiraron cuadros como el Juramento de los Horacios o Las Sabinas, es sustituido, posteriormente, por el de La Celebración de los acontecimientos contemporáneos. Pero el espíritu no ha cambiado, Marat asesinado tiene toda la silenciosa grandeza de un héroe o de su corte, conserva siempre la solemnidad de un emperador romano. Esta obra sanciona el éxito de David como primer pintor del imperio francés. (Fuente: de la enciclopedia Arterama).

Seguí a Diario La Opinión de Rafaela en google newa

Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.

Te puede interesar

Teclas de acceso