Por Redacción
El 24 de abril se conmemora el “Día Internacional del Animal de Laboratorio”, como forma de protesta y en solidaridad con los más de 120 millones de animales que anualmente mueren en los laboratorios del mundo entero.
Desde hace varios siglos se los victimiza como objeto de estudio para conocer los misterios del cuerpo, la circulación sanguínea, la conformación fisiológica; también para comprobar los efectos de medicinas, venenos, sustancias y la inocuidad de los procedimientos científicos e industriales. Monos, perros, gatos, ratas, ratones, conejos, cerdos, caballos, vacas, ovejas, aves, reptiles, peces y muchos otros animales son masacrados en nombre de la ciencia y la técnica, a razón de que tres animales mueren a cada segundo como consecuencia de tales atrocidades.
Mueren como resultado del experimento o son sacrificados deliberadamente después para un examen post morten. Utilizados principalmente en test de toxicidad en los que son sometidos a dosis letales de todo tipo de ingredientes, a pruebas alergénicas y de irritación, a pruebas de inhalación, ingesta e inyección de tóxicos, de armas biológicas y químicas, de resistencia a la falta de atmósfera o gravedad, de medicamentos y fármacos, e incluso, de alimentos para animales de compañía. Son infectados con enfermedades que jamás padecerían, dañados sus cerebros, paralizados, mutilados quirúrgicamente, irradiados, quemados y electrocutados sin el suministro de analgésicos ni anestésicos.
La experimentación que utiliza animales es una de las caras más ocultas, discutidas y discutibles de la ciencia y de la industria, pero no sólo las ciencias médicas, físicas y biológicas se sirven de animales en sus laboratorios, sino también la industria militar, la industria de las armas, la industria cosmética, la industria del tabaco y la industria química en general.
El rechazo que provoca, no sólo en la opinión pública, sino también dentro del mundo científico, es cada vez mayor. No únicamente por motivos éticos y biológico-sanitarios, sino además por su discutible necesidad, puesto que existen métodos alternativos y eficaces que no involucran animales. Otra cuestión es su inutilidad, ya que en muchas ocasiones se obtuvieron resultados adversos que se cobraron miles de vidas humanas al ser expuestas a drogas inocuas en animales.
Una importante cadena de intereses económicos sostiene y promueve la perpetuidad de las experimentaciones: los criaderos de animales y las firmas que fabrican y proveen insumos, herramientas, instrumental y alimento para tales fines, mueven millones de dólares que no están dispuestos a resignar.
Los experimentos con animales nos dicen cosas sobre los animales, no sobre los humanos, la ineficacia y el escaso aporte a la humanidad de los mismos se puede ver resumida en la declaración del Dr. Richard Klausner, Director del Instituto Nacional del Cáncer (USA): “La historia de la investigación del cáncer es la historia de la curación del cáncer en ratones… Durante décadas hemos curado ratones, no humanos.”
El ser humano es capaz de cometer los actos más aberrantes que se puedan imaginar; también el ser humano, como integrante de una sociedad consciente, informada, sensible y comprometida es capaz de propiciar el fin de la tortura y muerte sistemática de millones de animales en los laboratorios.
Colaboración Asociación Civil “El Amparo”.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.