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Información General Sábado 9 de Julio de 2011

Ancianidad

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Redacción

Por Redacción

"El mar más bello es aquel en el que nunca hemos estado. Los días más bellos son aquellos que aún no hemos vivido. La palabra más bella que voy a decirte es la que no te he dicho todavía".

Ignoro si este bello pensamiento lo escribió Nazim Hikmet siendo joven o adolescente. Hubiera sido lógico, pues en la primavera de la vida lo más está todavía por hacerse. Sospecho, sin embargo, que lo entregó cuando sumaba ya sus buenos años. Esto le daría un encanto particular: el de seguir mirando hacia adelante, como quien tiene todavía mucho camino por recorrer, como quien prefiere la frente a las espaldas.

"Sin duda vamos a necesitar menos cosas, probablemente dis­minuirán nuestros contactos con la gente, pero vamos a disfru­tar de algo nuevo: tiempo para apreciar las cosas y a las personas. El primer episodio de nuestro combate por un otoño mejor consistirá en liberar, en cada uno de los momentos que nos tocará vivir, todas sus posibilidades de colmarnos".

Tenía 77 años cuando André Séve escribió "Inventar el Otoño", un hermoso librito del que extraigo la cita anterior. No vendría mal seguir leyendo algo de lo mucho bueno que dejó estampado en estas "Meditaciones para la tercera edad", como subti­tula este ramillete de reflexiones:

"Esta decisión de asumir en su totalidad la nueva vida en la que nos adentramos, no es demasiado corriente. Más bien nos acecha la tentación de jugar a prolongar el pasado. Nos aferra­mos a lo que éramos. Nos halagan palabras como estas: ' ¡Qué joven se conserva todavía!'. Se trata de un engaño, porque quie­nes nos las dicen nos mantienen en un 'todavía' ilusorio, pre­cisamente cuando se trata imperativamente de avanzar hacia lo inédito de nuestras realidades.

¡Lo inédito! No es una broma; todo se nos va a presentar de forma diferente. Bueno o desagradable, pero diferente. Vamos a emprender una nueva etapa, y la mejor forma de hacerlo es per­manecer abiertos y atentos al sabor de estos comienzos. A mis 75 años me dieron un consejo que me hubiera gustado recibirlo a los 60: 'Sustituye tus impresiones de decaimiento y decrepi­tud por otras de exploración y descubrimiento'...".

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