Por Hugo Borgna
De eso no hay ninguna duda, sólo que se menciona aquí porque en algún momento hubo mensajes enviados por internet que, cuando aludían a algún personaje público sospechado de haber robado una cantidad de dinero muy grande, decían de él que era Alí Baba. Aludían por supuesto al título impuesto de “Alí Babá y los cuarenta ladrones” dando por descontado que Alí Babá era un jefe de delincuentes.
No es así, Alí Babá no merece ser considerado ladrón. Las películas, tanto de animación como las actuadas, dicen que Alí Babá era príncipe heredero de un sultán, cuyo hermano -su tío llamado Kassim- lo había quitado del trono y lo tenía prisionero en el castillo. Al volver de un viaje, Alí Babá se enteró de lo ocurrido y, ayudado por cuarenta soldados leales al sultán destronado, decidió retener por la fuerza tesoros que tenían como destino al sultán “de hecho” y no al pueblo guardándolo en una montaña mágica que se abría o cerraba según se dijeran las palabras “Sésamo, ábrete” o “Sésamo, ciérrate”, con el objeto de “pagar” con ellos la libertad del sultán legítimo. Pero su tío, el usurpador lo acusa públicamente de robar y lo llama “Alí Baba y los cuarenta ladrones”. Después de varias batallas, Alí Babá, junto a los soldados leales y de triunfar en el infaltable duelo con el tío villano, recobra la autoridad sobre el sultanato y es designado por su padre, como nuevo sultán. El dinero “robado” vuelve al pueblo. Reina nuevamente la felicidad de todos los modos que puedan imaginarse.
Pero existe otra historia, surgida del repertorio original de la época de las mil y una noches. Menos romántico, con menos aventuras, pero con el valor de la autenticidad literaria.
Según este Alí Babá era un hachero, que tenía un hermano llamado Kassim. Alí Babá era bueno, trabajador, honesto y pobre. Kassim era deshonesto, haragán, malo, usurero y rico. Alí Babá tenía una hermosa esposa llamada Luz de la Noche, varios hijos fuertes y tres mulas. Kassim tenía una esposa y muy mala memoria; además no visitaba a sus parientes para no darles oportunidad de que le pidan algo.
Un día Alí Babá estaba cortando leña en el bosque cuando oyó el ruido de cuarenta caballos acercándose. Trepó a un árbol y desde allí vio que eran cuarenta ladrones llevando bolsas llenas de monedas de oro, collares y además piedras preciosas. Delante iba el jefe quien le gritó a la roca “Sésamo, ábrete”. La roca se abrió, los ladrones dejaron allí el tesoro mal habido y el jefe a la roca “Sésamo ciérrate”, cumpliendo la roca con lo ordenado. Ninguno de los ladrones reparó en que Alí Babá lo había visto todo.
Cuando ellos se fueron, Alí Babá dijo las palabras mágicas, la roca volvió a abrirse. Adentro, guardó en una bolsa una buena cantidad de monedas de oro y rubíes, lo suficiente para asegurarse la comida de un año y tres meses, cerró la roca y marchó a su casa, donde contó a su mujer lo ocurrido. Estuvieron de acuerdo en ocultarlo a todos, pero debían pesar las monedas. El único que tenía balanza era Kassim. Cuando fue Luz de la Noche a pedirla prestada, estaba en la casa la mujer de Kassim, la que sospechó cuando la mujer de Alí Babá le dijo que era para pesar granos y mediante un truco descubrió que habían pesado joyas y no granos.
Kassim fue a la casa de Alí Babá, cosa que nunca hacía. Los sorprendió cuando trataban de enterrar el tesoro y le dijo Alí Babá, presionado por las amenazas de Kassim de denunciarlo, las palabras que abrían la roca. Fue Kassim el día siguiente con la intención de llevarse todo el tesoro, pero olvidó la fórmula para abrir la roca y por más que dijo alpiste, cebaba, maíz, garbanzo, zanahoria, coliflor y calabaza, no consiguió su objetivo. En ese momento llegaron los ladrones, abrieron la roca y entraron. Al ver a Kassim, le cortaron la cabeza para impedir que se conociera el secreto.
Alí Babá volvió a la roca, tomó el cuerpo de su hermano y lo llevó para enterrarlo. Los ladrones, al ver que faltaba el cuerpo de Kassim, buscaron descubrir la verdad y hallaron que Alí Babá sabía del tesoro, se había apropiado de parte de él, y decidieron también matarlo. Llegaron a la casa, el jefe de los ladrones a caballo y los treinta y nueve restantes en tinajas, que según dijo, contenían aceite. Por la noche saldrían del escondite y matarían a Alí Babá llevándose el tesoro que estaba en la casa. Al llegar la noche hubo que encender las lámparas. Luz de la noche fue buscar aceite a las tinajas, abrió una y vio, no lo que buscaba, sino a uno de los ladrones, y lo desmayó golpeándolo con un cucharón en la cabeza, hizo lo mismo con el contenido de las demás tinajas y con el supuesto vendedor de aceite, con la excusa de quejarse porque no lo había en las tinajas. Quedó todo aclarado y los ladrones recibieron su merecido. Alí Babá fue el día siguiente al lugar para retirar más riquezas, pero la roca ya no estaba.
Hasta aquí, las versiones. Las dos tienen inocencia y magia. La primera, por la espectacularidad de las producciones de Hollywood y la otra, por la esencia común con los milenarios relatos tradicionales. Alí Babá tuvo el reconocimiento, en un caso triunfaron sus nobles ideales; en el otro se premió su mérito de haberse comportado como un trabajador. También recibió dinero, cosa que nos deja conformes a todos nosotros, buscadores de la felicidad en el modo más completo posible.
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