Por María Florencia Forni
¿Cuál es el lugar que ocupa el deseo, la rutina y el desamor en nuestras vidas? En “Si me colgás te mato” los artistas intentan desenmascarar los modos en los que, de manera encubierta (disfrazada, embellecida), se infiltra y se reproduce la violencia y la agresión en nuestras vidas cotidianas: en los vínculos cercanos, en los ámbitos privados y en los públicos.
Esta pieza de danza teatro, que se presentó el viernes por la noche en la sala de La Máscara, surge a partir de la investigación sobre la violencia y las relaciones vinculares que viene realizando su director, el coreógrafo, bailarín y maestro David Señorán.
A VECES AMOR,
A VECES ODIO
Clara (Belén Ortíz) y Marcos (Luis Sodá) forman una pareja que como la de muchos, desea “una vida feliz y con amor”, semejante a las que aparecen en las telenovelas, en los cuentos, en las películas. Pero parece que ese modelo de pareja es bastante irreal, principalmente si existe malestar y violencia, que se manifiesta camuflada o enmascarada, con brillos y lentejuelas.
La moda, los mandatos familiares, los modelos de belleza que queremos alcanzar a toda costa incluso sin saber bien por qué, se vuelven ridículos y patéticos. Entonces, ¿no estaremos construyendo una farsa?
Martín Freiberg en percusión, Nicolás Franco en violín, Andrés Ferrari en piano ejecutan sus instrumentos en vivo. La variedad de melodías y los sonidos ayuda a generar distintos climas haciendo posible el viaje de los espectadores hacia la intimidad de las dos personas. La música atonal (esa que suena tan mal a los oídos) indica durante la representación que aunque la danza parezca bella o encantadora, esconde sentimientos oscuros, dolorosos o crueles
Los cuerpos hablan, los cuerpos se expresan. A veces hacen el amor, a veces dicen violencia. ¿Somos concientes del caudal de información de nuestros cuerpos?
La coreografía pautada según movimientos abunda en trabajos de piso, saltos al ras del suelo y giros fuera del eje central del cuerpo. “En una suerte de repetición intencional de secuencias, Señorán ha decidido poner la atención sobre lo interpretativo, haciendo que el público focalice en aquellos aspectos que le dan entidad a cada momento. Así ocurre que a un mismo desarrollo motriz, la calidad de los cuerpos, velocidad, matices, gestos y acentuación musical modificará el significado”.
DEBAJO DE
LA ALFOMBRA…
Clara, la protagonista, escribe papeles y los cuelga de una lámpara (así como muchos del lado de los espectadores esconden sus miserias, malestares o broncas bajo una alfombra). Se trata de metáforas. ¿Por qué esconder eso que no está bien, eso que duele, lastima? ¿Acaso escondiendo logramos hacerlos desaparecer?
Los papeles colgados hacen oscurecer la habitación porque filtran la tenue luz del foco. El foco de la lámpara que está precisamente arriba del sillón donde se sienta la muchacha a mirar la TV y sueña un mundo ideal: tan distinto a su realidad como peligroso.
Sí, el mundo ideal a veces puede ser peligroso. Porque no es el mundo que sueña uno, sino el que venden otros. Y aunque a la violencia se la disfrace, y se la embellezca con lentejuelas y brillos, en algún momento estalla. En las casas, en las calles, en el colegio, en un estadio de fútbol, la violencia enmascarada en algún momento estalla.
FICHA TÉCNICO
ARTÍSTICA
Intérpretes: Belén Ortiz, Luis Sodá. Músicos: Martín Freiberg. Diseño de vestuario: Giselle del Corral. Diseño de luces: David Seiras. Realización de objetos: Mariano Mónaco. Audiovisuales: Luciano Crispi, David Señoran.
Fotografía: Mariel Vélez. Diseño gráfico: Florencia Muscogorry. Asistencia coreográfica: Belén Ortiz. Asistente de producción: Augusto Mazzeo Orsini.
Asistencia de dirección: Luciano Crispi. Prensa: Ezequiel Hara Duck.
Puesta en escena: David Señorán. Dirección: David Señorán.
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