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Información General Martes 5 de Febrero de 2013

A 15 años de la muerte de Pironio

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Redacción

Por Redacción

El cardenal Eduardo Francisco Pironio falleció el 5 de febrero de 1998, en el Vaticano. Al cumplirse quince años de la muerte tuvieron lugar diversas celebraciones. En la Basílica de Nuestra Señora de Luján, donde descansan sus restos, monseñor Carlos Malfa, obispo de Chascomús, presidió una eucaristía el domingo 3 de febrero. En la Iglesia Argentina de Roma se lo ha recordado en una celebración presidida por el cardenal Santos Abril y Castelló en la tarde del 2 de febrero.

Nació el 3 de diciembre de 1920, en la provincia de Buenos Aires, y tuvo un destacado papel en la historia de la Iglesia del último cuarto del siglo XX.

Fue asesor general de la Acción Católica Argentina, institución a la que mencionó particularmente en su testamento espiritual. Su proceso de beatificación fue iniciado en 2006.

A él se debe, en buena parte, el éxito de las Jornadas Mundiales de la Juventud, pues fue su organizador desde que el Papa le nombrara presidente del Consejo Pontificio para los Laicos el 8 de abril de 1984.

Anteriormente, había sido prefecto para la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada. Pablo VI lo creó cardenal el 24 de mayo de 1976, después de haber trabajado durante muchos años en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

El 6 de febrero de 2007, en una concelebración eucarística en memoria del cardenal argentino, el secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, dijo que "fue para muchos creyentes presencia del Señor, transparencia del Evangelio, acción luminosa del Espíritu. Hizo el bien y la bondad, dio fecundidad a su vida".

Añadió que "su presencia estuvo siempre acompañada por una gran cordialidad y sencillez. Suscitaba simpatía y comunión espontánea; transmitía paz y alegría; con la palabra infundía fuerza y esperanza, sobre todo a los jóvenes, de los que era un auténtico amigo".

El cardenal Pironio, al hablar de su vida, no podía separarla de su familia y en especial de su madre, "que fue una mujer sencilla pero de fe profunda".

Y relataba una historia en la que había "algo de milagroso": "Mis padres eran italianos. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Cuando se recuperó los médicos le dijeron que no podría tener más hijos, pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo. Al no saber qué hacer, la mamá fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y celebró una misa pidiendo protección. Más tarde dio a luz a 21 hijos, yo soy el último, y vivió hasta los 82 años".

En uno de sus últimos escritos se revela su más ardiente deseo: "¡Cómo quisiera yo, al final de mi camino de fidelidad que algún joven retomara la antorcha de esperanza que yo estoy a punto de entregar a los que son capaces de decir sí y permanecer fieles! ¡Lo conceda el señor! ¡Nos acompañe María!".

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