Por Rubén Armando
Rubén Paniagua nació en la ciudad de Santa Fe, y cuenta 56 años de edad. Como boxeador amateur realizó 28 combates, fue campeón argentino en 1966 y 1967, por lo cual representó a la Argentina en torneos realizados en el exterior, y en el campo rentado tuvo una destacada labor.
Durante su carrera profesional tuvo oportunidad de combatir por el título nacional ante Héctor Fabián Jaime, en agosto de 1992, cayendo por puntos tras 12 asaltos en pelea realizada en instalaciones de la Federación Argentina de Box.
También, de presentarse en Talcahuano, Chile, enfrentando al campeón Martín Vargas, con quien perdió por decisión de los jurados, y en Johanesburgo, Sudáfrica, midiéndose con el local Johanes "Joe" Miya, siendo derrotado por puntos. En ambos casos la prensa deportiva de entonces habló de fallos localistas.
También su paso por el boxeo profesional le permitió medirse dos veces frente al rafaelino Mario Demarco (ver nota aparte).
Lo precedente tiene como fin la presentación de quien dialogó con LA OPINION, desde su domicilio en la provincia de Buenos Aires, donde cuenta con un gimnasio para la práctica de boxeo.
El contenido de la charla se brinda a continuación:
-¿Cómo se produce el lazo de parentesco con Sergio Gabriel Martínez?
-Soy hermano de la mamá, que se llama Susana Paniagua, y tiene otros dos hijos varones (Hugo y Sebastián).
-Algunos dicen que es originario de Quilmes, en tanto en su partida de nacimiento figura la ciudad de Avellaneda...
-La confusión parte de la situación que mi hermana fue asistida en un parto por cesárea en el Hospital Materno Infantil Ana Goitía, de Avellaneda (Sergio pesó 5,200 kilogramos), pero el domicilio de la familia Martínez, de la cual yo era vecino, se hallaba en Quilmes.
-¿A qué edad Sergio comenzó a practicar fútbol?
-Desde chiquito le gustó ese deporte, y tomó en serio la práctica cuando tenía unos 16 ó 17 años de edad. No recuerdo con exactitud. Y jugó en dos equipos amateurs de Claypole (Inter y San Jorge) hasta cerca de los 21 años, cuando cambió de deporte
-Fue cuando se inclinó por el boxeo...
-Si. Yo trabajaba junto a él y su padre, que tenía un taller de fabricación de rejas y tinglados, y un día me preguntó si la gimnasia del boxeo le podría ayudar en su desarrollo físico. Le dije que sí, porque es muy completa. A partir de allí comenzó a entrenar conmigo. Aprendió rápido, sobre todo lo de pegar y no dejarse pegar.
-¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?
-Hizo 24 peleas conmigo y se mantuvo invicto, pese a que enfrentó a muy buenos boxeadores aficionados.
-Mucho se habla de la constancia y dedicación en los entrenamientos. ¿Usted lo avala?
-Sin dudas. Muchas veces tuve que pararlo, decirle que afloje, porque nunca quería parar en los entrenamientos. Se entusiasmaba tanto que era necesario pedirle que no sea tan obsesivo, porque a veces es contraproducente. Es un chico muy aplicado en lo suyo.
-Dicen que fue un periodista de Quilmes quien lo apodó "Maravilla", y no hace mucho alguien ligado al boxeo me contó que es otro el origen de dicho apodo. ¿Cuál es la verdad?
-Su pregunta me permite aclarar otra confusión. Todo comenzó cuando para la promoción de un festival en Bernal, un muchacho que colaboraba con Sergio me preguntó que apodo le podíamos poner, porque en los afiches que debía preparar para la promoción del espectáculo había que escribirlo junto al nombre y apellido. Rápidamente dije "Maravilla", porque en realidad este chico lo es por un montón de cosas. Es más, recuerdo que la presentación de los combates estuvo a cargo de José Luis Marón -locutor y presentador de veladas boxísticas-, a quien le pareció una buena idea, y desde allí siempre se lo mencionó como "Maravilla" Martínez.
-¿Cómo es Sergio persona?
-Hablo como tío y como un ciudadano más. Es un pibe muy aplicado, educado y muy recto en todos sus actos. Y no porque lo diga yo, sino porque así se lo reconoce en todo el mundo. Sólo basta con leer o escuchar algo sobre él. Siempre le gustó el deporte, y siempre estuvo lejos del alcohol y otras cosas negativas no sólo para un deportista sino para cualquier ser humano.
-¿Cómo define su relación con "Maravilla"?
-Muy buena. Cada vez que puede me visita y conversamos mucho. Por otra parte, cada vez que se presenta la ocasión se acuerda de mí en las entrevistas, y eso me llena de orgullo.
-Sobre lo mejor de su sobrino, ¿cuál es su opinión?
-Bueno, no podría hablar de una sola cosa. A decir verdad es muy parejo tanto en su conducta personal como en su labor deportiva. En cuanto a esto último, lo que sobresalió desde el momento mismo de su incursión en el boxeo tiene que ver con la velocidad tanto mental como física, para resolver situaciones. Aprendió muy rápido todo lo que debe aprender un buen boxeador. Yo le enseñaba algo, y en poco tiempo lo asimilaba. Eso habla también de su deseo de aprender cada día más.
-Mucho se habla sobre que buena parte de los boxeadores que han llegado a amasar una fortuna económica, o al menos una cantidad importante de dinero que les permita vivir sin trabajar por el resto de sus días, de pronto "están en la lona", para usar un término emparentado con el boxeo. ¿Podría llegar a pasar eso con Sergio?
-Nadie está exento en este mundo de una situación de esa naturaleza. Pero confío que no sucederá eso con mi sobrino. Siempre le digo que el día que yo vea que se desvía del derrotero que se ha planteado, le pego un cachetazo. Sergio me mira, sonríe ampliamente, y me contesta que me quede tranquilo. Que no va a suceder, porque recuerda muy bien todo el sacrificio que le costó, en muchos aspectos, haber llegado al sitio que ocupa. Ojalá lo cumpla, como lo ha hecho con tantas otras cosas. Se merece este presente que vive, y el futuro que vendrá.
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NOTA RELACIONADA
Mario Demarco
Rubén Paniagua tuvo frente a sí, en dos ocasiones sobre el ring, al rafaelino Mario Demarco. Fue en el Luna Park. En una oportunidad -septiembre de 1981- Paniagua perdió por puntos tras 6 asaltos, y posteriormente -en octubre del mismo año- venció a Demarco luego de 8 capítulos por decisión de las tarjetas.
Al respecto, Paniagua recordó "hace muchos años que no veo a Mario. Usted me dice que transita las calles de Rafaela estando al frente de una empresa de servicios de limpieza, y eso me alegra muchísimo. Si la memoria no me traiciona creo que alguna vez colaboré con él cuando se preparaba para combatir en el exterior. Es una buena persona. Si no es mucha molestia para usted, cuando lo vea hágale saber de mi recuerdo y que a la distancia le mando un gran abrazo".
A poco de concluir la charla con Paniagua, su pedido fue puesto en conocimiento de Mario Demarco, quien memoró los combates ante el natural de la capital de nuestra Provincia, y retribuyó los saludos.
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