Sensaciones y sentimientos

Sociales 05 de marzo de 2024 Por Redacción
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18 sensaciones

SI. HABLEMOS DE POLÍTICA

Por Hugo Borgna
La primera pregunta para hacer, entrando por la puerta grande del tema, es ¿y por qué no?
Ahora, que el tema ya ha sido introducido, y la idea y o enfoque de cada lector puede percibirse en cada espacio entre palabras, vamos a la pregunta guía ¿Podemos llegar a decir con total seguridad que, para que una reunión transcurra armónicamente, no-se-debe-hablar-de-política-ni-de-religión?
El problema aparecía invariablemente al comienzo de la conversación de un grupo donde los integrantes eran recién ingresados -o se agregaba alguno más- y, como modo de respuesta surgían caras de estar en duda y de no saber qué tema proponer que los reemplace.
De hecho, no aparecía ninguno. Se miraban entonces unos a otros buscando el tema salvador, que no llegaba; porque en los grupos humanos que se reúnen a conversar, los intereses, entretenimientos favoritos, profesiones o simple gusto, son distintos.
Entonces, ¿por dónde empezar? Y mentalmente llegaba la misma alternativa: la política.
Muchos piensan que para opinar de esas cuestiones se deben tener conocimientos básicos de economía, dirigencia, moral y conocimiento de la realidad del momento, modificada segundo a segundo por los hechos; de comentarios y sus respuestas, críticas hechas públicas y, a veces, con mucha suerte y para todos los casos, fundamentos. En otras palabras, pensar por uno mismo.
Hay que dedicarles un párrafo especial a las militancias y tendencias, sean partidarias o herencias de abuelos y bisabuelos que, por el simple hecho de transmisión generacional se convierten en verdades no dubitables.
Resulta casi dogmático que no se discutan los actos de los propios, ni lo que es patrimonio del partido (o línea, o nombre del político con ansias de bronce aunque todavía no le llegó), con todo lo que ocurre si alguien traspasa la línea del respeto o admiración hacia personalidades -o gobernantes- según los casos; pero todo con final conocido: alguien se sentirá herido en la prosapia y las posiciones de defensa saldrán a la vista, quedando como alternativa necesaria hablar del tiempo (realmente se debe decir del clima) que, por no ejercer la política, está protegido de las afirmaciones prejuiciosas.
Sin embargo, se puede. Y, como dice el título, se debe hablar de política.
Que no está limitada por el nombre del partido, ni de los militantes, ni por sus representantes más notorios, ni por el sitio en que la democracia lo instaló momentáneamente.
Política es ciencia y arte de gobernar (o algo parecido). Necesita de la opinión del “simple” ciudadano, precisa que mire desde arriba el resultado de las elecciones y los argumentos elegidos para el tiempo de la campaña. Todo puede mejorarse. La gente puede ejercer como gerente de la gran empresa aprobando o no, en primera instancia, los hechos del momento y o dando propuestas que le parezcan buenas. Es accionista principal de la Empresa y el futuro viviente de ella. El triunfo económico y social son buenos objetivos para cualquiera.
El mérito, factor indispensable también y la gente andante lo reconocerá sin que lo induzcan.
Puede ocurrir en forma natural en las charlas de café, esos lugares donde suelen surgir las ideas generalizadoras (aunque es más atractiva la crítica fácil y repetida de otros). Muchos se sorprenderán al ver cuántos temas interesantes y de relativamente poco costo, aportarán la luz que borra la niebla interesada de los laberintos creados artificialmente.
Esas eficaces propuestas pueden aguardar pacientemente en cotidianos pocillos de café.
Es necesario revolver bien la espuma, para que surja la esencia del contenido.

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