El rafaelino Facundo Arito participa de MendoSat, un proyecto que pondrá en órbita a un satélite

Información General 27 de enero de 2024 Por REDACCION
El satélite de pequeñas dimensiones tendrá triple impacto: tecnológico, ambiental y educativo. Facundo Arito comenta para LA OPINIÓN todos los detalles de este proyecto mendocino, de su estudio en Ingeniería en Mecatrónica y de los desafíos que enfrenta cada día en su profesión.
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FOTO ARCHIVO FACUNDO ARITO. Futuro ingeniero en Mecatrónica, Facundo se desempeña en proyectos de alto impacto.

Pese a que a veces hablar de tecnologías avanzadas y lanzamientos de satélites parece algo lejano, en esta ocasión LA OPINIÓN lo hace sentir más cerca gracias a Facundo Arito, quien confió en este medio su trabajo y sus logros obtenidos. 
Para introducir a Facundo, habría que primero mencionar su pasión por lo que hace: es eso lo que lo lleva cada vez más lejos y le permite cumplir objetivos impensados quizás en su adolescencia, cuando era tan solo un estudiante de la Escuela Técnica N° 460 "Guillermo Lehmann". 
Desde temprana edad entendió que su camino era "conocer cómo funcionaba todo". Esa curiosidad le permitió ampliar sus conocimientos y emprender la búsqueda que muchos adolescentes enfrentan cuando están por terminar el tramo secundario: qué carrera estudiar. Luego de charlas inspiradoras y análisis varios, encontró lo que más le gustaba hacer en la Ingeniería en Mecatrónica. Aunque él se encarga de comentar detalles unas líneas más abajo, se puede decir que esta ingeniería se basa en cuatro grandes áreas, que son la electrónica, la mecánica, la informática y el control. Al tener esa certeza -gran momento- entró otra duda: dónde estudiar. Así es como, luego de observar la oferta académica de diferentes universidades, se quedó con la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza. 
Lejos de su familia, pero con la mirada puesta en su progreso, Facundo logró que su estudio se convierta también en esa pasión mencionada al principio; esto lo llevó a conocer personas que vieron su potencial y le dieron oportunidades únicas, como formar parte del proyecto MendoSat, cuya idea es brindar conectividad a nodos en lugares remotos mediante un microsatélite CubeSat. Este satélite recopilará los datos de los nodos cuando su órbita se lo permita y los enviará a una estación terrestre que se encuentra en una zona donde hay conectividad. A partir de ahí, los interesados podrán acceder a ellos. La iniciativa busca incentivar a los estudiantes avanzados, como es el caso de Facundo, para que se involucren en este tipo de proyectos de innovación.
Gracias a esto, se relaciona con especialistas en materia aeroespacial, una de las áreas que él considera como "más apasionantes donde realizar ingeniería".
Otra de las grandes oportunidades fue ser parte del área de ADCS (Sistema de determinación y control de Actitud), en la cual se busca controlar y determinar la orientación del satélite en el espacio para que la señal sea óptima y evitar así problemas de sobrecalentamiento por exposición prolongada de una misma cara del satélite al sol. Dentro de esta área, Facundo es uno de los responsables de coordinar al grupo de estudiantes voluntarios en las diversas tareas. Además, lidera un grupo de investigación conformado por otros tres compañeros dentro de la universidad, que tiene el fin de estudiar las vibraciones durante el lanzamiento y garantizar que las mismas no afecten al correcto funcionamiento del satélite.
En esta breve -aunque detallada- introducción, se puso en valor el proyecto y el trabajo de Facundo como futuro ingeniero. Faltando poco tiempo para recibirse, LA OPINIÓN dialogó con él para que comente más detalles sobre su experiencia.

¿Qué fue lo que te llevó a estudiar ingeniería en Mecatrónica? ¿y elegir Mendoza?

Desde chico me gusta mucho aprender cómo funcionan las cosas, lo cual llevó a varios controles remotos desarmados y algún que otro auto a pilas roto. Durante mi paso por la secundaria y con el acompañamiento de mi familia, entendí que las respuestas que buscaba las iba a encontrar en una ingeniería que sea lo suficientemente extensa o general como para abarcar todas estas dudas y al mismo tiempo muy práctica. Ingeniería Mecatrónica para mí fue la carrera que cumplía con todas estas características. Se basa en cuatro grandes áreas (Electrónica, Mecánica, Informática y Control) que me resultan sumamente apasionantes y se utilizan principalmente para la automatización de procesos productivos. En el momento en que terminé la secundaria y pasé a la universidad, la carrera no era tan común en el país. Existían algunas universidades donde se dictaba, pero de todas las propuestas que encontré en ese momento, la de UNCUYO fue la que más me llamo la atención.

Estudiaste en la Escuela Técnica N° 460... ¿En qué sentís que te colaboró tu educación secundaria para llegar a una carrera como esta?
Definitivamente mi educación secundaria fue central en mi trayectoria hasta la carrera. Dentro de la escuela, elegí la especialización en electrónica. Fue ahí que encontré muchas herramientas de las materias que eran dadas como verdades y siempre que uno quería ir más profundo para saber de donde salieron estas fórmulas encontraba una respuesta que variaba en profundidad pero que nunca terminaba de satisfacerme. Cuando uno ingresa a la carrera de Ingeniería, rápidamente te das cuenta del porqué de esta forma de responder; sería muy difícil para un alumno de secundaria entender todos los conceptos que existen detrás de muchas de las fórmulas o componentes. Tuve muchos profesores y familiares que me guiaron a la Ingeniería en general pero la decisión por mecatrónica la disparó una conversación que tuve con el ingeniero Fernando Ferrer, que era mi profesor en ese entonces, donde le planteé estas preguntas y me la recomendó. En retrospectiva, metió un gol de media cancha.
Una gran ventaja que tiene el ser exalumno de una escuela técnica al estudiar ingeniería es que la tecnicatura te brinda un invaluable complemento práctico al marco teórico que te da la carrera. Resulta más sencillo entender algunos conceptos y hace que uno sepa cómo se va a utilizar alguna máquina o herramienta en la realidad y no solo en el mundo teórico.

Cuando comenzaste la carrera, ¿pensaste que ibas a llegar tan lejos?
Antes de venir a Mendoza tuve varias inseguridades sobre si la carrera era realmente para mí. Me emocionaba mucho el arrancar a cursar las primeras materias, pero entré en duda sobre si era realmente lo que había imaginado. En este sentido, tuve mucha suerte, ya que no era solo lo que me había imaginado, sino que era más de lo que esperaba en muchos aspectos.
La naturaleza desafiante de la carrera y la forma en la que se va construyendo paso a paso el conocimiento desde lo más básico hasta lo realmente complejo me resultó atrapante. En ningún momento me planteé abandonar, pero es cierto que hubo dificultades.

¿Cómo te sentís con el hecho de que ya estás en el último tramo?

Es una sensación de vértigo cuando uno mira hacia atrás. La verdad es que nunca pensé que cuatro años pasarían tan rápido. Es raro, supongo que a todo el mundo le pasa cuando está por terminar, particularmente en las relaciones que tengo con algunos profesores, donde ellos empiezan a tener más en cuenta mi opinión y te dejás de sentir como un alumno más, para sentirte un profesional.

¿Supuso un desafío para vos esta carrera y ser parte de estos proyectos tan grandes?
Sí, por supuesto, la carrera es larga y compleja. Hay veces que no se entienden todos los temas a la primera. Lo importante para mí es disfrutar del desafío y el trayecto. Lo mismo intento aplicar a los proyectos, muchas veces me encuentro con problemas o alguna situación a la cual no le encuentro solución o no sé la respuesta. Pero el indagar en distintas fuentes para tratar de encontrarlas es lo que disfruto. Realmente lo más complicado y frustrante es tratar de encontrar el tiempo para hacer todo, pero ahí entra en juego la ventaja de hacer las cosas en equipo y poder delegar o recibir tareas.

¿Cómo te ves en un futuro cercano?

Estoy preparándome para realizar un intercambio con ENIB en la ciudad de Brest en Francia que es una posibilidad que tienen los alumnos de Ingeniería Mecatrónica de la UNCUYO. Idealmente el intercambio sería durante todo 2025 y parte del 2026. La mayoría de mis proyecciones a futuro inmediato tienen como foco central este intercambio.
En un futuro más lejano me gustaría desarrollarme en robótica o automatización de producciones en industrias en Argentina hasta las actividades relacionadas a la industria aeroespacial que observé en CONAE y realmente me aceleraron el corazón, o quizás fuera del país, pero habrá que esperar a ver como resultan las cosas. 

REDACCION

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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