Anoche fui a mi escuela

Información General 29 de noviembre de 2022 Por Redacción
Los encuentros de promociones han retornado después de tres años. Los sentimientos y emociones de quienes han vuelto a su infancia. El silencioso y abnegado trabajo de los docentes de la Escuela Manuel Belgrano para hacerlo posible.
15-Escuela Belgrano

Por Edgardo Peretti

El 15 de marzo -creo- de 1965 mi madre me dejó en el patio de la escuela. Aún era verano y no había clima que soporte la emoción (el susto) de un chico de seis años que comenzaba su instrucción escolar en Primero Inicial.
El viernes 25 de noviembre de 2022, casi sesenta años después, ya de noche, el afanoso trabajo de la directora y los docentes de la escuela “Manuel Belgrano” nos convocaba para evocar ese paso. Por imperio y designio de la maldita pandemia, se convocó a seis promociones: 1970/71/72 y las 1995/96/97.
Casi un centenar de alumnos de otros almanaques se reunió en uno de los patios para escuchar a un afinado coro, recordar rostros, nombres y apodos y, fundamentalmente, para reencontrarse consigo mismo. Hace tiempo que afirmo que este tipo de encuentros no es del agrado de todos. Hay quienes no quieren recordar, otros que no se interesan y un grupo que ya no estará. Todos tiene derecho a opinar y actuar en consecuencia. Le digo respeto.
Es más, creo sin temor a equivocarme, que este momento es de cada uno, de cada alma, de cada lágrima y hasta de aquellas sonrisas. Es complejo el ser humano como para armar una estructura de sentimientos medianamente ordenados.
Queda claro que los de 25 años tienen otro mundo. Son jóvenes, casi ni pisaron el umbral de los cuarenta. Nosotros, los menos, ya estamos en otro tramo, biológico, sensorial y de experiencias.
Recuerdo cuando vine a los 25 propios. El acto fue en el salón principal y miraba a los que cumplían cincuenta pensando si llegaría. Solo algunos, según la cuenta actual. Contra el reloj no se puede. Contra el almanaque tampoco.
Vuelvo por mirar por enésima vez a mis compañeros de entonces. De los que vinieron y de los que solo están en menciones. En el lugar donde estamos hay aulas, todas con equipos de aire acondicionado, cemento y orden. Allí había un pequeño lugar con árboles donde se jugaba al fútbol y se transpiraba guardapolvos que mamá lavaría con algún sopapo correctivo en el medio. Todo muy emotivo, imparable, límpido y hasta con sonido de nostalgia. Pero ya es pretérito. Bello, pero pasado.
Me tocó el micrófono en el final. Les dije a los “25” que no me esperen en el 2036. Estoy seguro que me creyeron. Después, agradecí a la escuela, a los amigos y a los que estaban. Un rato más tarde me fui de viaje. Volví al lugar donde me dejó mi madre aquella mañana, apreté mi cartera con la mano húmeda y nerviosa y fui a formarme. Comenzaba la vida.
Volví al presente. Fui a tocar la campana, pasé por mi aula de séptimo, miré todo, escribí algo en el pizarrón que ya no conoce tizas y me devoré la noche.
No se si volveré alguna vez. Ah, en el pizarrón dejé sólo una palabra.
Gracias!

(Dedicado a Aníbal Moruzze, un alma sensible y un pibe bueno).

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar