Sensaciones y sentimientos

Sociales 22 de noviembre de 2022 Por Redacción
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14 sensaciones

LETRAS CON DISTINTOS MATICES. ANTONIO PRIETO

Por Hugo Borgna

No es verdad que las letras de boleros y canciones sean “todas iguales”.
Es cierto que la gran mayoría hace referencia a corazones heridos, labios tentadores y sentimientos no retribuidos para todos los gustos. También es verdad que las letras parecen ser el lugar perfecto para que estacionen allí cuantos lugares comunes busquen espacio.
Hubo quienes le cantaron a la simple y disponible felicidad, sin obstáculos a la vista ni escondidos, como Armando Manzanero, permitiendo el paso a nuevas temáticas, siempre dentro de un ámbito placenteramente romántico.
Nuestro país siempre abrió pentagramas y micrófonos para recibir a cantantes y compositores de otras tierras. Los que lo hicieron en nuestra lengua, se sintieron como en su estudio de grabación. Uno de ellos, Antonio Prieto.
“Solo los tontos lloran por amor, los pobres tontos dan el corazón. Pero los otros que usan la razón, de esa manera pierden lo mejor. Solo los tontos corren sin pensar, los pobres tontos que pueden fallar, cómo podrán los sabios fracasar si en el amor no saben comenzar”.
“Es que el amor no es cuestión de inteligencia, ni una cosa que la ciencia llegue bien a comprender. Es más feliz con bastante más frecuencia el que a ciegas todo entrega que el que trata de entender. Solo los tontos dicen la verdad, nunca sus almas tratan de ocultar, los sabios viven en la oscuridad y algunos mueren sin llegar a amar”.
El chileno Antonio Prieto (Juan Antonio Espinoza Prieto) fue muy bien recibido por nuestra gente. Su voz suave, con matices cálidos, encontró aceptación masiva con La Novia en 1960 (“Blanca y radiante, va…”), pero antes ya se había hecho conocer con “Violetas imperiales”, “Mi madre querida”, “Sabrá Dios” y “El reloj”.
La pantalla de cine lo mostró en “La novia” y “Cuando calienta el sol” -filmada ésta, por supuesto, en Mar del Plata- y de esa época son “Solo los tontos” y una pintoresca pieza, apoyada en un supuesto y adaptado para adultos, canto infantil: “Caperucita y yo” ,
“Recitado: todo comenzó una tarde, un timbre que suena y llega… discreción. Pasaba por aquí, dijo y aquí empiezan en realidad las cosas”. Canto: Me vino a buscar, no sé por qué a mí, no soy de su edad, tal vez solo por bromear. Jugando al amor la tarde pasó, sentía volver el tiempo feliz de ayer. La noche llegó, se quiso marchar, le dije tú no te vas. Entonces quedó temblando y cuando la vi llorando, le dije que no, que estaba también bromeando. Recitado: Entonces tomó se abriguito, su carterita, levantó un arito que se le había caído (siempre se le cae algún arito) y me dijo chau desde la puerta. Se marchó y yo me quedé solo. Y desde entonces no vino nunca más…a jugar”.
Seguimos con la vida de Antonio Prieto. Nació en mayo de 1926 y vivió hasta 2011, tuvo éxito en otros países de América y en Europa, y en España cantó para la Orquesta Casino de Sevilla. En Argentina grabó tangos con la orquesta de Juan D’ Arienzo, entre ellos “La calle del pecado” y “Después de la boda”.
Se puede estar de acuerdo con la idea de que “Caperucita y yo” y “Solo los tontos” son variantes dentro del amplio espectro de curación del espíritu que son las canciones y también con la expresión de que, asimismo, la incluye.
Es un lugar común decir que la música busca su casa en el alma. Se puede agregar que define y genera una sensación cómoda y placentera.
Que algunos llaman felicidad.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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