Zurdo, inteligente, humilde: Accavallo

Deportes 05 de octubre de 2022 Por Redacción
Horacio Accavallo se fue de este plano el 14 de setiembre de este año. Antes, plasmó una campaña como boxeador y como persona que trascendió los límites de las luces del ring y el éxito fugaz. Nació pobre en lo material; murió millonario de afectos y dignidad. Un café, y algo más, en “Margot”.
30 libro

Por Edgardo Peretti

Alguna vez le pregunté al amigo José María Flores cómo era eso del rugido del Luna Park en sus noches de gloria y de sábados plenos. "Inigualable", me dijo el querido Negro que conocía el templo del box y sus recónditos secretos.
Siempre me quedó esa frase y más tarde, andando en la vida, se me ocurrió convocar a un viejo caminador de gimnasios, glorias y miserias del boxeo para hablar del tema. El escenario elegido fue el café "Margot", un mítico reducto de la avenida Boedo (a doscientos metros de San Juan) donde el tango y el arrabal fluyen por las alcantarillas, dicen. La verdad, no me consta.
Pero el boxeo sí estaba. Al personaje, cuyo nombre me reservo, se me ocurrió preguntarle por una personal manera de medir los afectos en el estadio hacia los grandes boxeadores, obviamente en noches que ya estaban lejanas cuando se consumieron estas rondas de café y algo más.
"Mire pibe -me dijo el hombre- no me pregunte por la época de Gatica y Prada, porque todavía no iba. Le puedo decir que el más grande y amado fue Nicolino Locche. Todos lo iban a ver sabiendo que no pegaba una piña, pero era un poema en su esquive y sus fintas, el rey del engaño. Cada noche suya era fiesta, un domingo en la plaza. El "Intocable" era eso, poesía en estado puro.
"Ringo (Bonavena) también llenaba, pero más de la mitad iba a ver si le rompían la cara; además, nunca ganó nada. A Monzón no lo querían, pero lo respetaban, aunque al "Negro" eso no le importaba porque era un animal del ring, una bestia ganadora, ajeno a lo de afuera. Hubo otros que tuvieron su momento, como Horacio Saldaño, "La pantera tucumana" o "Goyo" Peralta y hasta el mismo Galíndez, pero fueron, apenas, una ráfaga. Después vino la televisión masiva y se terminó el verso, mejor dicho, la magia del sábado, la salida y el Luna y la pizza y el fainá, porque el público del boxeo no era el del fútbol; nada que ver, eran tipos que sabían del asunto y no los podías pasar con nada. Le diría, profesionales de la taquilla, sea popular o ring side".
¿Y Accavallo? Se me ocurrió preguntar en medio de tanta avalancha de data y con el vidrio con hielo reemplazando al pocillo.
El tipo hace una pausa, tantea el bolsillo para ver si los fasos no se fueron y hurga en el otro extremo del pantalón por el encendedor, pero fumar no se puede. El nuevo orden urbano también se devora la filosofía del tabaco social.
"Accavallo fue un ejemplo. Pobre de toda pobreza de nacimiento, hijo de padres inmigrantes y analfabetos, llegó con sacrificio, se mantuvo con obediencia (a Tito Lectoure, claro) y se retiró con inteligencia. Cuando el gran negocio de la tele se quedó con el boxeo y sus conciencias, él ya se había ido. Hubiese ganado mucha guita por su estilo y su garra, pero el tiempo no perdona a nadie.
"En el ring tenía la ventaja de ser zurdo. Eso siempre le genera un problema al adversario, aunque él mismo también sea zurdo. Es un tipo que viene al revés, que piensa al revés y que pega con otro ángulo. Pero “Roquiño” era inteligente, vivo, pícaro. Imagino que esa sapiencia la ganó en los basurales donde juntaba cartón para comer en su infancia; calibraba todo, miraba y hacía sentir sus manos en el lugar justo. Como Monzón, no era un noqueador, pero martillaba con método y puntería.
"Cuando se fue puso un negocio, se sacaba fotos en el Luna y formó una familia que cuidaba. Sin escándalos ni bajezas. Un caso raro en el ambiente, pero envidiable; ni en la vida ni en la billetera volvería a ser pobre".
Horacio Accavallo murió en setiembre. Poco homenaje, espacios casi de compromiso en los medios. ¿Desidia? ¿Olvido? No. Las nuevas generaciones de comunicadores (ya no periodistas) consideran que todo pasa por un par de botones digitales y un buscador. Allá ellos. Que sean felices. Uno prefiere transitar en este camino.
El tipo terminó su bebida, saludó y buscó la calle. Boedo se hacía luminosa hacia el sur, con aroma a letra de tango inmortal, aunque el chabón sostenía que por el lado de Pompeya aún se podía fumar en los boliches. Vaya uno a saber. Seguro que al llegar a la estación estaba la inundación y todo el cielo, donde esa noche, se anunciaba, que boxeaba Accavallo.

(Nota del autor: querido Negro, ya volveremos a Margot a ver si encontramos a este sabio para seguir tirando piñas al caprichoso almanaque. Yo invito.)

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar