Sensaciones y sentimientos

Sociales 20 de septiembre de 2022 Por Redacción
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14 sensaciones

NINÍ, COMPINCHE DEL IDIOMA

POR HUGO BORGNA

Se la podría nombrar simplemente así, y la memoria colectiva rescataría el nombre completo, trayectoria y mérito artístico, además de instalarnos una larga y apreciada sonrisa en el rostro.
El nombre de Registro Civil es Marina Esther Traveso. El hecho de que naciera (fue el 1 de junio de 1903 en Buenos Aires y vivió 92 años) hizo que se movilizaran: su padre para anotarla, su madre por haberla visto surgir hacia el mundo, sus parientes, y también personal médico y de enfermeras del establecimiento de salud. También la amplia luz que la llenó de brillo.
Dicen que cuando conoció que hubo tal movimiento de personas en torno a ella comprendió que, debido a su llegada, ese había constituido su primer y exitoso público. Y que, si bien al nacer -por razones obvias- no pudo improvisar uno de sus memorables monólogos, su llanto tuvo matices muy personales y especiales.
Niní Marshall sigue siendo lo que desde entonces se designa con admiración como “estrella”, entendiéndose como tal a la gente especialmente dotada artes con llegada al gran público. Entre los años 1933 y 1988 (¡55 años!) fue actriz, humorista, cantante, guionista, periodista y pintora.
Comenzó siendo redactora de la revista “Sintonía” en los años 30, firmando como Mitzy. Fue cancionista en programas radiofónicos. En esos tiempos era la radio el entretenimiento masivo y casi único a mano, disponible incondicionalmente y a toda hora para “la familia y el hogar”.
Pero Niní estaba destinada a la comedia. En poco tiempo sus dotes salieron a la luz y a la risa mediante el generoso y utilitario “éter”. Asumió decididamente la actividad por la que se la cual se la identifica principalmente: la comedia. Tuvo en ese género un compañero ideal para lucirse en los monólogos radiales: el muy popular actor Juan Carlos Thorry.
Su gracia natural la llevó al cine. En “Mujeres que trabajan” (1938) fue actriz protagónica y guionista. Además, entre 1939 y 1940 encabezó una trilogía dirigida por Manuel Romero (“Divorcio en Montevideo”, “Casamiento en Buenos Aires” y “Luna de miel en Río”). Igualmente fue dirigida por un ícono fundamental del cine; Luis César Amadori.
Se le reconoce una capacidad que la consagró para todos los tiempos: ser creadora de personajes, que, llevados al micrófono de larguísimo alcance, eran una muestra precisa de las personas que a diario transcurrían la vida: “Catita” y ”Cándida”, eran ejemplos de inmigrantes llegadas de Europa en el comienzo del siglo 20.
La luminosidad y el brillo de Niní Marshall fueron fulgurantes (decirlo así no es una exageración). Fue la “estrella”, habiéndose destacado en décadas en que brillaban (es la palabra precisa) figuras como Lolita Torres, Zully Moreno, la todavía vigente Mirtha Legrand, y actores como Juan Carlos Thorry, Pedro Quartucci, Jorge Luz y Luis Sandrini.
En ese exigente nivel de artistas, lució Niní Marshall, y con sólidas razones de cultura. Al terminar la escuela secundaria había iniciado la carrera de Filosofía y Letras, que fue interrumpida por el matrimonio con Felipe Eidelman en 1924. Con él quien tuvo su hija Ángela Dora, en 1926.
Ágiles, profundos y certeros son los textos por ella elaborados, que conservan su frescura -pueden localizarse por Internet- con el más que adecuado de Juan Carlos Thorry.
También se divertía micrófonos adentro. Dijo que hacía humor con sus compañeros: “Mi especialidad era tomarle el pelo a la gente de la radio”, admitió en una entrevista.
Es el momento de cerrar esta nota, pero…
¿Quién puede ser tan cruel e inhumano como para tener a los lectores atados a este texto semanal, habiendo tanto material con la voz de Niní Marshall disponible en la red?

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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