Elogio de la ojota

Información General 16 de septiembre de 2022 Por Redacción
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16-CHANCLETA

Por Edgardo Peretti

Nota 3/4

La imaginación al poder. El origen de la ojota y su inserción en la sociedad argentina no puede eludir la influencia que tuvo en cambio cultural de los años sesenta el mayo francés. Frases tales como “No hagan la guerra, hagan el amor” o “El mundo es de los jóvenes y de las flores”, o “paz, amor y rock and roll”, en realidad no tienen nada que ver con el asunto, pero no seríamos serios en el asunto si no citamos estos notables hitos.
La ojota es argentina, popular y urbana. Queda claro que en el campo no sirve y que, pese a su fama y trascendencias mediáticas jamás ha podido superar a la criolla “alpargata”, no solo por su aplicación sino que este calzada (de yute y lona) sirve tanto para vestir delegante, trabajar, jugar al fútbol y hasta a las bochas. Surgiría de aquí el doliente insulto aplicado a los menos dotados en el deporte: “Le dicen ‘Ojota’ porque no sirve ni para jugar al fútbol o al básquet”. Doloroso, por cierto.
Avanzando en el análisis no podemos ignorar al mayor enemigo que tuvo nuestra figura que acá defendemos y que fue, nada más y nada menos, que la célebre “Chancleta”.
Usada por laburantes, amas de casa, doncellas, viejos babosos, galanes, actores de repartos y malvados de radioteatro y bailarines, contaba con una ventaja tan básica como práctica para imponerse: cualquier calzado al que se bajaba la talonera se convertía en chancleta. Duro, pero real.
La chancleta reinaba en el mundo. Tanto calzaba a la dama para salir al mercadito como al baile, con otros materiales, claro, como al caballero que las tomaba como un clásico para salir a tomar mate a la vereda, de riguroso pijama y camiseta malla de dudosa coloración y aromas corporales.
Ni hablar de sus aportes estructurales a la educación y a la ciencia de la pedagogía. La chancleta hacía maravillas cuando convencían a los niños y jóvenes de mantener la cordura o a poner coto a un boletín de calificaciones (libreta en mi pueblo) flojos de números altos. También se menciona usos similares para perros y gatos díscolos, cucarachas inoportunas, grillos molestos, hormigas depredadoras y alacranes peligrosos.
En este sentido, no podemos dejar de citar el aporte a la ciencia de la reflexología lumbar, ya que también se podía usar para rascarse la espalda u otros sectores íntimos sin temor a sufrir consecuencias.
Hasta que un día llegó el plástico. Y no de la tarjeta de crédito, precisamente.  

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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