Sensaciones y Sentimientos

Sociales 13 de septiembre de 2022 Por Redacción
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14 sensaciones

SOLO PARA OPERACIONES BANCARIAS

Por Hugo Borgna

Por los primeros años de los 60, los estudiantes de la Escuela Nacional de Comercio, recibían una clase de contabilidad en la cual el profesor -reemplazante por unos días- explicaba qué es una Cámara compensadora, resaltando amablemente que en esas entidades, no se practicaba ningún asiento contable, detalle éste recibido con sumo agrado por los alumnos, que ya se veían trabajando en alguna de ellas.
Con el tiempo se lo fue conociendo como clearing house. Para los frecuentadores, es, familiarmente, solo “clearing” y en definitiva configura un modo de “limpiar” de algunos trámites burocráticos las operaciones bancarias, agilizando las adjudicaciones de valores.
Para que sea más claro todavía, trata dar a cada titular de acreencia el mérito que le corresponde (valuado en dinero) y hacer que quien deba pagar lo haga y que, una vez terminados los cálculos del caso, dar por terminada la transacción recibiendo los beneficios o afrontar el pago, según corresponda, de lo que resulta que se debe.
Puede decirse que la vida diaria se refleja y manifiesta en documentos contables. Lo saben los pensadores y, por supuesto, los contadores públicos nacionales.
De ese modo cada uno produce sus actos, y estos se proyectan en los demás. La vida se registra en documentos, por más que no se advierta su presencia. Tampoco es necesario que pase un período anual para hacer un balance de hechos realizados, o cometidos, por la gente. En la simple vida todo es más flexible: plazos, cambios y modos determinan circunstancias nuevas.
Hay una percepción continua de evaluación: corresponde o no, es positivo o es malo. Cada uno, como empresa, lo decide y los hace públicos o no. De alguna manera ideal sigue vigente el sistema de la doble partida en el registro de los hechos diarios, como en la época en la que Pino y Pícoli, entrañables amigos, habían decidido facilitar el camino de la comprensión de los asientos contables, quitando a los adolescentes estudiosos (y a los otros también) todo tipo de dudas. Pragmáticamente, editaron libros donde establecían técnicas y, al mismo tiempo, expresaron un modo de evaluación de los actos de vida diaria, donde no se necesita el registro en papel para determinar si se han realizado buenos actos.
Concretamente, saber y establecer hacia afuera si fueron correctos.
Cada uno es un libro contable de hojas al viento, es el libro no se cierra nunca (en realidad sí, pero esa es otra cuestión más relacionada con la quiebra) y tiene un principio rector que no se modifica con un contra-asiento: la necesaria presencia del ideal ético.
O responsabilidad de vida, si así es más potable asumirlo.
Se comienza a definir el punto en cuestión: qué hacer cuando se ha realizado un hecho negativo que daña a los demás, con pleno conocimiento de que se ha atacado el principio de equidad y respeto a los otros.
Una de las posibilidades es corregirlo. Es bueno y no sufre tanto el amor propio lastimado.
Otra, dejarlo pasar estando atento a las consecuencias, esas que seguramente llegarán: es ilusorio pretender que los dañados lo soporten con heroísmo. Es seguro que van a reclamar.
La tercera alternativa es reclamar que no se le apliquen sanciones porque -de acuerdo al criterio de las cámaras compensadoras- la parte dañada también ha producido uno o más y, por lo tanto, todos los autores de malos actos quedan libres de castigo. Y también de culpas.
En la contabilidad pueden equilibrarse los valores. Es sentido práctico.
En la vida es injusto. El principio rector es que se premie o castigue, según el caso.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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