Una breve historia del sable corvo del general San Martín

Locales 17 de agosto de 2022 Por Redacción
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Historia

Por Laura Ludueña*

El sable fue adquirido en 1811 por San Martín en Londres unas semanas antes de embarcarse hacia el Río de la Plata en una tienda de anticuario. Es un sable de origen árabe, que en esa época era una de las armas blancas orientales de moda entre los militares ingleses y europeos. Posee una hoja de acero de Damasco, de aproximadamente 100 años de antigüedad al momento de ser adquirido. Lo que caracteriza al acero de Damasco es su calidad, filo, resistencia y ligereza. La empuñadura es de madera de ébano y su vaina está recubierta en cuero y bronce. Se cree que San Martín habría sido el primero en introducir este tipo de arma en América del Sur, y según su propia declaración, el sable que debutó en la batalla de San Lorenzo lo acompañaría en toda la guerra por la Independencia de América del Sud.
Recordamos que, en 1824, el general San Martín deja la campaña libertadora, que continúa al mando de Simón Bolívar y se ve obligado a exiliarse en Europa. En ese momento, el sable queda en Mendoza al cuidado de doña Josefa Ruiz Huidobro. Recién en 1837 cuando San Martín estaba en Francia, mientras su hija y su yerno Mariano Balcarce se encontraban de viaje por el Río de la Plata, San Martín les escribe desde París solicitando “...traigan mi sable corvo, que me ha servido en todas las campañas en América y servirá para algún nietecito si es que lo tengo”. Desde el momento en que su hija le hizo entrega del sable, San Martín lo tuvo colgado en su cuarto, como señalaron muchos de quienes lo visitaron.
Cuando fallece San Martín lo dona a Rosas “por defender la República de las injustas pretensiones de los extranjeros...”. Así, Rosas lo recibió mediante el envío que hace del arma Mariano Balcarce. Juan Manuel de Rosas conservó el arma como una reliquia: la depositó dentro de un cofre en cuya tapa hizo colocar una placa de bronce donde mandó grabar la famosa cláusula testamentaria.
Con el exilio de Rosas, el sable lo acompañará a Southampton. Al morir Rosas en 1877 el sable llega a manos de su hijo político Máximo Terrero que vivía en Londres junto a su esposa Manuelita Rosas. En Londres estuvo casi 20 años ocupando un sitio de honor, hasta que en 1896 -dos años antes que Manuelita falleciera- Adolfo P. Carranza, fundador y primer director del Museo Histórico Nacional, le escribe solicitando la donación del sable. Así es como el 4 de marzo de 1897, el sable pasa a formar parte del patrimonio del Museo Nacional Argentino donde aún se exhibe.

* La Lic. Laura Ludueña integra la Asociación Cultural Sanmartiniana “Mario Colucci” de Rafaela. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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