Sensaciones y sentimientos

Sociales 02 de agosto de 2022 Por Redacción
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Sensaciones y sentimientos

UN POCO DE LA FLOR DE LA CANELA

Por  Hugo Borgna

Hay en el mundo lugares que se ganaron el reconocimiento y aprecio inmediatos. Uno es el emblemático edificio de Nueva York desde donde se dice que en un día claro se ve hasta siempre; otro es el paso en un vehículo acuático de Venecia bajo el puente de los suspiros. También podemos nombrar nuestro vernáculo Caminito (el verdadero, de La Rioja) y, principalmente, el balcón romántico de Verona que tal vez con visión de futuro imaginó Shakespeare.
En nuestro cotidiano continente, hay un lugar que, igual que los recién nombrados, también recorrió el mundo mediante el canto: “el viejo puente del río” y esa enigmática imagen poética que alude a la flor de la canela, la misma que sigue derramando tanta lisura.
Vamos a iniciar ahora una caminata desde el puente a la alameda descubriendo los elementos reales, empezando por la palabra “lisura”, que es sinceridad y sencillez.
¿Por qué “flor de la canela”?
En esta sintética alusión, Chabuca Granda identifica a una mujer afrodescendiente llamada Victoria Angulo Castillo, quien la visitaba. En esas reuniones esta mujer le relataba que camino a su casa, debía cruzar el hoy inexistente Viejo Puente de palo. Decir “la flor de la canela” respecto de ella era elogiarla como una cosa excelente, y “flor de la canela”, algo perfecto. Por lo demás, en los conocidos versos del vals, la autora menciona lugares, verdaderos hitos emblemáticos urbanos de los suburbios de Lima.
¿Por qué dice al comienzo “Déjame que te cuente, limeño”?
En una entrevista que dio en Chile, Chabuca Granda dio a conocer que ese verso inicial era para captar la atención de los limeños. Conociendo esa intención, podemos suponer que el verso “Y recuerda que…” tiene el mismo objetivo.
“La flor de la canela” no fue una creación original. En 1940 se escuchaba en las radios peruanas “Soy peruana, soy limeña”, que en su letra llevaba la expresión “la flor de la canela”. Continuando y a partir de esa idea, Chabuca Granda compuso lo que hoy ese clásico tan armonioso y pegadizo.
Falta decir lo que siempre se espera cuando se habla de figuras internacionales, pertenecientes al sitio de privilegio que supone será para todos los tiempos.
María Isabel Granda Larco nació en la localidad de Apurímac en 1920 y vivió hasta 1983, siendo hija del administrador de una mina. Cuando era niña, fue la familia a Lima donde a los doce años descubrió su vocación musical. A partir de allí su biografía es similar a la de otras figuras del canto y la música: en 1937 formó con una amiga un dúo (Luz y Sombra), haciéndose conocer en emisoras de radio. Cantaba y, asimismo, animaba un programa para artistas aficionados. En 1940 formó un trío que interpretaba canciones mexicanas.
Compuso más de cien canciones basadas en el folclore e historia de Perú, habiendo incursionado en ritmos como el tondero, el vals criollo y ritmos negroides. Su fama internacional la llevó a dar recitales en Europa; de allí surgieron La flor de la canela y otras bellas melodías como “Fina estampa” y “José Antonio”.
Vamos volviendo ahora, poco a poco, a nuestro medio nacional.
Tomamos contacto con las realidades musicales autóctonas del Perú, espacio tan familiar como un hermano desde los tiempos de la emancipación.
Detenemos el andar. Miramos el paisaje común.
Y nos preguntamos si, afinando un poco el sentido, no podríamos hablar de Chabuca Granda, como nuestra musical flor del Perú.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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