Más señales alarmantes

Editorial 27 de julio de 2022 Por Redacción
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La crisis política del gobierno, su consecuente parálisis y su impericia para gestionar sin brújula, GPS o programa económico porque decía no necesitar estas herramientas explican en gran medida el clima de agitación social y turbulencias económicas que atraviesa la Argentina. Un Presidente sin coraje ni ideas y una Vicepresidenta poderosa pero nerviosa por su propio frente judicial se neutralizan dando lugar a un gobierno que no gobierna mientras los problemas se acumulan sobre los escritorios de Casa Rosada sin resolver. 
Funcionarios que asisten como protagonistas y espectadores al mismo tiempo de esta obra teatral que mezcla pasitos de comedia con otros de drama y hasta de terror. Conclusión, nadie sabe bien qué hacer en tanto que los mercados registran esta nueva grieta que se abrió en el interior de la coalición gobernante y toman medidas para protegerse, poniéndose a la sombra del dólar o bien sacándose de encima títulos públicos emitidos tanto en pesos como en dólares ante la desconfianza instalada por las dudas sobre la capacidad del Gobierno de pagar sus cuentas. 
El país está mal, a la espera de señales contundentes y medidas que se requiere para estabilizar la economía. En términos de relato, al principio se ignora desde los pasillos del poder lo que sucede con el dólar blue, que es casi como una devaluación informal que impacta a medias en la estructura de los precios. Por tanto ahora estamos en presencia de una inflación que avanza a mayor velocidad y paralelamente se producen faltantes en muchísimos rubros, desde insumos para la industria hasta repuestos de un lavarropas, cocina a gas o materiales de construcción. Vaya si la crisis no impacta en la economía real. 
Sin autocrítica, ni siquiera por vergüenza mientras extiende la idea de que su gobierno es uno de los peores de la historia, Alberto Fernández, el Presidente, opta por buscar excusas y enemigos. Afirma en un discurso que cuando alguien estornuda en Moscú otro se enferma en la Argentina. Y después cuestiona acusa de especulación al campo, el sector que más tributa y más divisas aporta a un Estado que solo sabe gastar y cuyas máximas autoridades están en pleno juicio acusadas por corrupción. 
La culpa es del otro, como la patria, en el imaginario populista del kirchnerismo. Ah pero Macri, ah pero la pandemia, ah pero la guerra, ah pero el campo. Con los ojos cerrados, distraído en el teléfono celular y casi sin agenda oficial, el Presidente no asume responsabilidades ni errores. Nadie en el oficialismo se hace cargo de nada. 
El kirchnerismo tiene el hábito de buscar enemigos externos para contener a su propia tropa. Una receta anticuada. No admite que los cortocircuitos están al interior de la coalición de gobierno y se expanden al resto de las áreas. Si ni siquiera el Presidente y la Vicepresidente a cargo logran sacarse una foto juntos.
La receta populista sugiere, cuando todo está mal, encontrar un enemigo. El campo, y también las empresas alimenticias a las que se acusa de formar precios y aumentar los mismos para ganar más dinero, han sido elegido nuevamente puesto que no se puede marchar contra la pandemia o contra Rusia o Ucrania por la guerra. 
En este escenario, ese discurso bélico de los funcionarios contra productores y empresarios puede derivar en situaciones de violencia no deseadas. Sin hacerse cargo de la crisis que genera su incompetencia y su ineficiencia, el gobierno desparrama culpas. Y las organizaciones sociales alineadas por interés -la mayoría de sus líderes tienen cargos y salarios en el Estado- ahora se ofrecen para protestar frente a la sede de las empresas o ante la Sociedad Rural. Somos Barrios de Pie, el espacio que encabeza Daniel Menéndez, organiza una protesta para el próximo sábado en la sede de La Rural, en
Palermo, para reclamar que el campo liquide los granos que el Gobierno advierte que tiene retenidos.
Así, el Gobierno, en lugar de promover la calma envía señales alarmantes. 






Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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