El Papa de los argentinos

Editorial 26 de julio de 2022 Por Redacción
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Cuando el argentino Jorge Bergoglio fue elegido como el 266 Papa de la Iglesia Católica, el 13 de marzo de 2013, se generó en el país un incontenible deseo y necesidad de viajar hacia el Vaticano para participar de sus audiencias públicas en la Plaza San Pedro o mejor aún, obtener una reunión privada. La consigna era tener una foto con el Papa del fin del mundo, tal como se autodefinió Francisco, el nombre que adoptó una vez consagrado como el líder del catolicismo global. 
Del amor incondicional de los primeros años de su papado, el vínculo con la Argentina se fue enfriando al punto de que en la actualidad pocos manifiestan públicamente su interés por conseguir un autorretrato con uno de los argentinos que ya hizo historia una vez se convirtió en Sumo Pontífice. Mucho menos compartir esa foto en las redes sociales. El valor de una imagen con Francisco era inestimable y era una premio buscado en particular por la clase política. ¿Qué ha pasado en estos más de nueve años para que la apatía hoy marque el carácter de la relación? 
Quizás sea la crisis política en continuado que afecta a la Argentina lo que haya alejado la figura de Francisco de su tierra. El uso político que los dirigentes de acá han querido efectuar del Papa es parte del problema. Y la decisión de Bergoglio de no visitar su país en carácter de máxima autoridad de la Iglesia Católica también ha provocado un desencanto de magnitud entre los fieles. En casi nueve años de gestión no ha visitado el lugar en el que nació y que lo espera con una gran expectativa de la comunidad católica. En este caso también existe el temor de que los gobernantes de turno puedan aprovecharse de la situación mientras el Papa busca evitar quedar en medio de la grieta ideológica. 
De todos modos, quienes frecuentan los ámbitos cercanos a la Iglesia y en especial al Vaticano, destacan que el Papa se mantiene actualizado sobre la crisis argentina y que busca a través de distintos interlocutores intervenir discretamente para que las cosas no se salgan de cauce. Por ahora no se advierten resultados para destacar de esas gestiones. 
Simultáneamente, la Iglesia Católica soporta una crisis interna y escándalos en distintos países que le han provocado un enorme desgaste como institución y ha horadado su autoridad. Curas abusadores han dinamitado las bases de la fe católica en una sociedad distinta a la de décadas atrás, en la que las víctimas ya no se ocultan y toman valor para denunciar, lo cual también afecta la imagen del Papa.
De hecho, ahora el papa Francisco se encuentra en Canadá en el marco de una visita que se centrará en su disculpa, en nombre de la Iglesia Católica Apostólica Romana, por los abusos que sufrieron los niños indígenas en las escuelas residenciales, en su mayoría gestionadas por la Iglesia. Entre 1881 y 1996, más de 150.000 niños indígenas fueron separados de sus familias y llevados a internados. Muchos pasaron hambre, fueron golpeados y sufrieron abusos sexuales en un sistema que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá calificó de genocidio cultural.
Aunque los dirigentes canadienses conocen el elevado número de niños que murieron en los internados desde 1907, la cuestión saltó a la palestra con el descubrimiento, el año pasado, de supuestas tumbas sin nombre en los antiguos internados o cerca de ellos. En respuesta a las presiones derivadas de esos descubrimientos, el Santo Padre se disculpó por el papel de la Iglesia católica en los internados a principios de este año, durante una visita de delegados indígenas al Vaticano. Muchos han pedido una compensación económica, la devolución de los objetos indígenas, la publicación de los registros escolares, el apoyo a la extradición de los acusados de abusos y la anulación de una doctrina del siglo XV que justifica el despojo colonial de los pueblos indígenas en forma de edicto papal.








Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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