Deuda en pesos y en dólares

Editorial 24 de julio de 2022 Por Redacción
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Debilitado, desorientado, paralizado y por momentos resignado como cuando confesó esta semana que pensaba que lo iban a ayudar más desde la misma coalición de gobierno, así se muestra el Presidente de la Nación en el medio de una crisis que escala dos peldaños todos los días. Desde que Silvina Batakis reemplazó a Martín Guzmán hay una tregua en el núcleo del poder pero no hay colaboración ni trabajo en equipo para enfrentar el temporal. Desde el kirchnerismo sugirieron convocar al diálogo a la oposición pero ni siquiera respaldan a su propio Presidente, al que eligió Cristina Kirchner. Un absurdo.
Cuando un barco está frente al riesgo de hundirse, desde el capitán hasta el último marinero se esfuerzan por mantenerlo a flote. Del mismo modo, en un país normal toda la clase política debería colaborar con el objetivo de arreglar las cosas porque nadie se salva solo, una frase que se hizo carne aquí y allá ante la adversidad. Lamentablemente, ese concepto se repite pero no se practica. 
Si bien las inconsistencias y distorsiones están en las estructuras más profundas de la economía argentina, entre ellos los subsidios a las tarifas, el nuevo descalabro que sacude al país comenzó cuando germinó la semilla de la desconfianza por la deuda, es decir ante un pasivo inmanejable por la emisión de bonos en pesos, los tenedores e inversores dudan sobre la capacidad que tiene un gobierno vulnerable en cumplir con sus compromisos. 
Así lo consideró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino en uno de sus últimos informes. Si bien las razones de la renuncia del ex ministro Guzmán son múltiples, seguramente que el desencadenante fue la percepción de que no es posible renovar la totalidad de la deuda en pesos del Tesoro que vence en los próximos meses. Esto desarticuló el plan de renovar toda la deuda en pesos a su vencimiento y de tomar deuda adicional para evitar que el déficit fiscal se cubra enteramente con emisión monetaria. El 29 de junio venció deuda por el equivalente a 0,8% del PBI y no se pudo renovar en su totalidad. Esto obligó al Banco Central a emitir dinero extra al programado para cubrir el déficit fiscal y comprar los títulos en pesos que no se pudieron renovar. El 2 de julio presentó la renuncia.
El anterior ministro se fue, pero el mismo desafío sigue vigente para la nueva ministra. En el segundo semestre del año hay que enfrentar vencimientos de deuda en pesos por el equivalente a 3,7% del PBI. Aproximadamente la mitad de esta deuda está en manos de organismos públicos por lo que seguramente será renovada. Pero si los privados no están dispuestos a renovar la otra mitad, el Banco Central tendrá que seguir emitiendo más.
De acuerdo al reporte de Idesa, considerando que la base monetaria (dinero en efectivo y en cajas de ahorro) es del 5,2% del PBI al 30 de junio, para el segundo semestre del año se puede proyectar que la emisión para cubrir los títulos del Tesoro no renovados podría llegar al 1,8% del PBI. Además, que la emisión para financiar el déficit fiscal de la segunda mitad del año agregaría otro 1,8% del PBI. Esto significa que la necesidad de emisión en el segundo semestre podría ascender a 3,6% del PBI lo que representaría una suba del 70% de la base monetaria.
Si la gente depositara este dinero adicional en plazo fijo, el Banco Central podría recuperar la emisión adicional vendiéndole a los bancos Leliqs. Así, morigeraría el impacto inflacionario de la emisión. Pero para ello se necesita confianza y tasas de interés atractivas. Como faltan estos dos ingredientes, seguramente que mucha gente preferirá comprar dólares y otros bienes, en lugar de depositar los pesos en plazo fijo. Esto acelerará la inflación.
Financiar los déficits fiscales crónicos con deuda en dólares (como el anterior gobierno) o con deuda en pesos (como el actual) no cambia el resultado. El final es siempre una crisis. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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