Ni humildad ni autocrítica

Editorial 21 de julio de 2022 Por Redacción
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Una bomba de tiempo. Y con el reloj corriendo. Así es la nueva definición de la Argentina por más que la actividad económica aún refleje indicadores positivos. Pero la magnitud de la deuda es tan grande, la escasez de reservas es tan grave y la crisis política de la coalición gobernante es tan profunda que quizás la cuenta regresiva de esa bomba ya haya comenzado. No pocos analistas políticos coinciden en que si aún no hay un estallido social es porque el peronismo está en el poder, más allá de todos los problemas que enfrenta su gobierno, a los que solo responde con una suerte de no gestión. Hay quienes advierten que el momento de Alberto Fernández, el presidente, recuerda a Fernando de la Rúa, cuando se mostraba alejado de los problemas del país. 
Sin programa económico ni plan de gobierno, sin ideas ni músculo político para aplicar un ajuste, ahora adquiere forma la convocatoria en voz baja a la oposición para buscar entre todos soluciones a los enormes desafíos que el país tiene por delante. Claro, se trata de un requerimiento planteado tímidamente porque lo contrario sería admitir el fracaso. Bienvenido el pedido de auxilio que hace el Gobierno, pero lo bien que estaría nuestra Argentina si la clase política trabajaría codo a codo por una mejor sociedad, sin corrupción y anteponiendo el bien común antes que el enriquecimiento personal. 
Las temerarias amenazas del dirigente social y piquetero, Juan Grabois, no hacen más que enrarecer aún más el clima hostil en el que vivimos. ¿Qué significa cuándo dice que los militantes "estamos dispuestos a dejar nuestra sangre en la calle"?. ¿Sugiere un posible avance de la violencia política? Ante estas advertencias es necesario redoblar los esfuerzos para conservar la paz por todos los medios. 
Inquieta además la reaparición del dirigente Raúl Castells, al frente de un movimiento jubilados y desocupados, cuando se presenta en supermercados del Conurbano bonaerense o en Rosario acompañado por un grupo de personas para reclamar la entrega de alimentos. ¿Por qué no efectúa esos planteos ante las oficinas públicas de la Provincia o de la Nación? ¿Busca que esa foto o video aumente la sensación de que el reloj de esa bomba de tiempo acelere el tic tac? Raro, muy raro. 
Esa Argentina con pequeños fueguitos por todas partes está cada vez más cerca de no poder pagar los compromisos de la deuda. Los mercados no tienen confianza y el riesgo país está por las nubes mientras los inversiones no quieren los títulos públicos argentinos ni en pesos ni en dólares. 
A propósito del nivel de endeudamiento, durante el gobierno de Alberto Fernández, la deuda pública aumentó en 65.219 millones de dólares según datos oficiales de la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía. De esta manera, pasó de los U$s 313.299 millones registrados a fines de noviembre de 2019 a U$S 378.518 millones a fines de junio de este año. En tanto, durante el primer semestre de este 2022 la deuda pública de la Argentina creció en más de U$S 15.000 millones. Incluso, por los desembolsos extraordinarios para el pago de los vencimientos con el propio organismo financiero, las obligaciones con el FMI también se elevaron ya que pasaron de U$S 40.952 millones en diciembre de 2021 hasta U$S 45.421 millones a fines de junio último. 
A esta altura, ya no sorprenden las miradas que hacen expertos desde el exterior. El diario británico Financial Times señaló en su último editorial que la Argentina está ante un "panorama desolador", cerca de la “ruina financiera”. Y si bien el país dispone de grandes recursos como petróleo, gas, tecnología, granos y litio, está a la orilla del precipicio tambaleándose rumbo a uno de sus periódicos colapsos. 
Muchos creen que se podría evitar si se logran consensos básicos en la estructura superior de la política. Pero no hay voluntad ni humildad ni autocrítica. Lamentablemente para todos. 



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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