El cierre definitivo de Panadería Grimaldi: se van 60 años de historia de la ciudad

Locales 06 de julio de 2022 Por Redacción
El próximo viernes 8 de julio será el último día que el tradicional comercio del bulevar Lehmann abrirá sus puertas para deleitar a su histórica clientela.
Grimaldi

Por Giselle Locatelli 

Desde el próximo sábado ya no será lo mismo caminar por Boulevard Lehmann al 600. Ya ningún aroma mágico nos remontará a otros tiempos, ni a momentos acogedores, cuando el mundo “marchaba más despacio” tal vez. Ya no podremos más tentarnos con el olor a pan recién horneado o facturas “recién sacadas”. Panadería Grimaldi cierra sus puertas después de haber cumplido 60 años de vida en el mes de abril. Es la historia de una familia y también la de una ciudad, que fue cambiando su fisonomía mientras crecieron los hijos propios y los de tantos otros.
Patricia es quien nos recibe. Y es quien tiene el contacto más estrecho -y afectuoso- con su fiel y querida clientela. Es notable el cariño con el que atiende a quien va entrando a comprar mientras charla con nosotros. “Hace 32 años que me sumé a la historia, y 34 que se sumó mi marido, Roberto Grimaldi. Y arrancaron mis suegros hace 60 años”, nos cuenta. Y nos habla acerca del amor y la pasión que los fundadores de este negocio familiar han sentido por la panadería. "Mi suegro falleció hace 10 años. Él siempre trabajó, hasta el último día, ya hacía poco trabajo, venía más a controlar, a ver, pero él falleció a los 90 años y estuvo acá con nosotros hasta último momento en la panadería. Y mi suegra, María Elena Tessio también, siempre estuvo acá al frente hasta hace más o menos seis años atrás, hasta que dijo basta. Ella tiene 85 años y está muy lúcida"... continuó relatando Patricia. 
- ¿Y cómo tomó ella esta noticia de cerrar?
 - Y...con un poco de tristeza, pero entendiendo a su hijo, porque mi marido ya no da más. Se nos jubiló un empleado, está trabajando muchísimas horas por día.
- Es sacrificado el oficio..
- La verdad que sí. Él empieza a las 10 de la noche, hasta las seis de la mañana. Después empieza a las 11 del mediodía hasta las 6 y media de la tarde, o sea que está todo el día acá . La única noche que puede dormir toda es la del sábado. Hay un sólo empleado ahora, en realidad necesitaríamos otro más. Pero no es fácil conseguir personal especializado y sobre todo, que te cumplan, porque son horarios muy feos.
- Observo que cuando entra un cliente, antes de que te indique lo que va a llevar, ya se lo estás sirviendo... hay clientela de muchos años me imagino...
- El otro día justamente hablábamos con un señor que hace casi 50 años viene. Hay gente que venía de la manito, que no caminaba todavía. Y ahora son hombres y vienen con sus hijos.
- Toda una vida…,y la gente, ¿cómo viene tomando la noticia?
- Algunos se quieren morir, algunos nos dicen: “ ¿y ahora qué hacemos?...pan como este no hay, las galletas de acá, ¿dónde las voy a encontrar?”... La gente se sorprende pero yo creo que mi marido sobre todo cumplió su ciclo. Y nosotros tenemos dos hijas mujeres, y ninguna de las dos va a seguir porque mis yernos tienen sus trabajos. No hay nadie que tome la posta. Mi marido tiene 57 años, pero él trabaja en la panadería desde antes de terminar la escuela
- ¿Cómo nace la panadería?
- Mis suegros eran de Fraga, los dos. Y mi suegro trabajaba en la panadería de su hermano ahí. Y cuando se dio la oportunidad de comprar acá, con mucho sacrificio, pidiendo préstamos, compraron  para instalarse en Rafaela. En ese época hacían el reparto primero con carreta y caballos. Después con triciclos, con bicicletas con el canasto atrás…
- Era otra foto de Rafaela la de esos tiempos...
- Mi marido nació acá. Y siempre estuvo con ellos. Criaron a sus hijos acá, después nosotros criamos a nuestras hijas acá en la panadería. Yo agradezco a Dios haber tenido esta posibilidad de tener a mis hijas acá, de no tener que mandarlas a una guardería, las crié conmigo. 
Patricia se emociona, y con nostalgia de algo no vivido por ella misma pero que María Elena ha sido muy capaz de transmitirle, nos regala hermosas imágenes de la Rafaela de hace muchos años: “mi suegra siempre me comenta que fue una vida muy sacrificada, que ellos al principio habían comprado acá y como tenían que arreglar porque era todo viejo, habían alquilado enfrente para el expendio. Entonces a veces el boulevard se llenaba de agua en esa época, cruzaban las canastas de pan al local porque elaboraban donde ahora es la panadería. Cruzaban con las botas y les llegaba el agua a las rodillas”. Y sigue la charla, y Patricia nos asegura que el marido guarda algunos trucos y secretos de recetas, pero que “ni a ella se los confiesa”.
- ¿Cuáles son los productos preferidos de los clientes?
- Por lo que dicen, los bizcochos materos, la torta alemana y el pan. El pan les encanta. Tenemos varias generaciones que vienen a comprar y a veces viene alguna señora y dice: “ay yo cuando era chica venía a comprar acá, o me dicen “esta es mi panadería de la infancia”. Es muy gratificante. Y aparte vos tenés una clientela fija y vienen y te cuentan cosas, y terminás siendo parte de la vida de ellos. Te emocionás, llorás con ellos, porque a veces son cosas tristes...
- Toda una decisión entonces cerrar las puertas... ¿Cómo se sigue después del viernes?
- Mi marido está adentro, él no tiene tanto contacto con los clientes y yo.. tengo dos nietitas muy chiquitas, una de 1 mes y otra de 11 meses. Ya me dijeron mis hijas, que soy niñera oficial. Y por otro lado, mi yerno tiene un negocio, lo va a traer acá. Ellos tienen una lomitería. Y yo ya le dije a mi hija que yo me voy a venir acá a ver gente”, nos asegura Patricia, con entusiasmo porque encontró la manera de seguir haciendo eso que tanto le gusta, charlar y encariñarse con los clientes.

UN CIERRE MUY DULCE
CON SABOR AMARGO

El local de pastelería artesanal ubicado en Constitución 67 de nuestra ciudad, Cioccolato, cerró sus puertas el pasado jueves 30 de junio. Según pudo averiguar este medio, la dificultad a la hora de conseguir personal especializado para elaborar las delicias con las que supo deleitar y conquistar a sus clientes, habría sido el motivo que llevó a sus dueños a tomar la decisión. Sin lugar a dudas, más allá de que nunca es una buena noticia que un local “baje sus persianas”, muchos lamentarán que se hayan apagado definitivamente los hornos de este emprendimiento que se caracterizó por elaborar productos de gran calidad y con mucha atención puesta en los detalles.







Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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